Wir brauchen russland, um grün zu sein

Justo después de filtrarse que Alemania pretende poner a su diplomacia blanda en marcha para influir en Rusia y que esta se suba al tren verde, la Asociación Mundial de la Energía Eólica, y la Fundación Ebert publican un informe sobre las grandes oportunidades que el país de las estepas tiene ante sus ojos.

La revolución verde necesita a Rusia

Después del encuentro de la Cámara de Comercio germano-rusa que reportamos en febrero, quedó claro que Alemania sigue dependiendo en el medio plazo de las importaciones de gas de Rusia y que hay un evidente interés de empezar a importar hidrógeno. El elefante en la habitación fue que Alemania quiere que sea hidrógeno verde o como mínimo azul, y Rusia no quiere meter los colores en la conversación.

Llamó la atención la insistencia de los alemanes presentes en el potencial de generación verde de Rusia y en la idea de que la relación energética entre los dos países permanecerá pero cambiará de naturaleza… a más verde.

Apenas un mes después la cancillería alemana filtró a los medios un documento sin fecha ni firma pero de indudable factura oficial que suponía un nuevo intento de Berlín por establecer una estrategia de conjunto frente a Rusia con el cambio climático como eje.

El primer punto del documento señalaba que la UE debe intentar desarrollar una estrategia estructurada, concreta y detallada de cómo comprometer a Rusia en esfuerzos multilaterales para hacer frente al cambio climático. El tercer punto proponía establecer un fondo destinado a la sociedad civil rusa con el objetivo de financiar proyectos sobre cambio climático encarados por organizaciones no gubernamentales en el país, en la UE y en los seis países del bloque del este.

Al parecer eso ya estaba sucediendo. Una semana después de la filtración se ha publicado un informe de la Asociación Mundial de la Energía Eólica (WWEA) y la Fundación Friedrich Ebert, con la colaboración de RREDA (la asociación rusa de empresas de renovables), sobre el mercado de la energía eólica en Rusia.

Una de cal y otra de arena

El informe, es una loa al inmenso potencial que tendría esta tecnología en Rusia, alternando críticas sutiles al escaso interés manifiestado por el gobierno para implantarla, con volumenes de inversión previstos pequeños y no comparables al ritmo global de desarrollo de este sector.

El país, se queja el informe, todavía no se encuentra entre las grandes naciones éolicas. En 2020, se felicita, inauguró la impresionante cifra de 700 MW de nuevas instalaciones, sumando una capacidad total de alrededor de 1 GW, pero es cierto, que comparado con China o Alemania, el protagonismo de la eólica es escaso, y Rusia, con su tamaño, representa menos del 1% del mercado mundial.

En cuanto a las ventajas que supondría una mayor inversión, el informe señala, por ejemplo que una de las mejores oportunidades que tiene Rusia en este momento es promover la eólica mediana no conectada a la red para instalaciones aisladas que ahora mismo funcionan con gasoil, destacando lo que se ahorraría el estado en subvenciones para garantizar ese suministro. Lo que olvida el informe es el riesgo que supone depender de una instalación éolica si justamente estamos hablando de zonas aisladas en la que las bajas temperaturas son, literalmente, mortales.

Otra opción interesante, apunta el informe como quien no quiere la cosa, es la producción de hidrógeno verde a partir de la energía eólica y otras fuentes renovables. Los actuales clientes del gas natural ruso tendrán que decidir tarde o temprano si producen su propio hidrógeno o lo importan de otros países. Dada la infraestructura existente, Rusia tendría la pole position en esta carrera por el futuro liderazgo mundial en el suministro de hidrógeno verde.

Aunque el hidrógeno verde todavía no ha despertado un interés significativo en Rusia a nivel oficial, a diferencia de lo que ocurre con el hidrógeno producido a partir del gas natural o energía nuclear, como punto positivo se recoge que ya empiezan a surgir los primeros planes para producir hidrógeno utilizando la energía eólica. En concreto, proyectos de eólica marina en la región de Sajalín, que pretende convertirse en un territorio de desarrollo avanzado con bajas emisiones de carbono.

Además, se detecta un creciente interés corporativo en firmar PPAs para el consumo de energía renovable por parte de grandes empresas.

En varios apartados, alerta de los inconvenientes de no aumentar la apuesta:

Los acontecimientos del sector energético mundial no pueden dejar de afectar al mercado ruso, especialmente en la parte que le concierne directamente. La introducción de un impuesto transfronterizo sobre el carbono por parte de la UE preocupa tanto al sector empresarial como al más alto nivel oficial. La disponibilidad de capacidades de producción y las competencias en el campo de la energía eólica pueden reducir las pérdidas ecológicas de los exportadores rusos por la introducción de dicho impuesto.

En enero de 2021, recuerda, Finlandia, el mayor importador de electricidad rusa, anunció que podría negarse próximamente a comprarla en relación con la transición hacia la neutralidad del carbono para 2035.

En resumen, un informe que se limita a transmitir el mensaje alemán, mezcla de aliento y amenaza para no tener que enfrentar una realidad conflictiva: Cumplir el compromiso de reducción de emisiones y garantizar el suministro a la población. Necesitamos que Rusia sea verde, wir brauchen russland, um grün zu sein.