Armin Laschet, sucesor de Merkel: ¿Cómo de verde?

Armin Laschet fue elegido la semana pasada como sucesor de Merkel al frente de la CDU. Su elección no es tanto el resultado de los siempre cambiantes equilibrios partidarios como de una opción estratégica. El renano representa la transformación ecológica del lander más poblado de Alemania y la perspectiva de un gobierno de coalición con los Verdes que la propia Merkel y su entorno más cercano ven como el legado último de la Canciller.

Un industrialista hijo del carbón…

Las minas de lignito renanas

La biografía oficial de Laschet comienza en Aquisgrán, ciudad símbolo del lander de Renania del Norte-Westfalia del que es Primer Ministro desde 2017. Los recuerdos de infancia del hoy dirigente del principal partido alemán, están marcados por su padre, minero del carbón. Valores solidarios, vocación desarrollista, ética del esfuerzo… y un pragmatismo a prueba de bomba.

Las referencias continuas en su discurso a su padre y la vida en las minas de lignito de su estado natal le han llevado a ser considerado un industrialista de la vieja escuela. La poderosa cámara de empresarios de Renania del Norte-Westfalia, ensalza sus logros económicos al frente del lander más poblado de Alemania, una región fuertemente industrializada con referentes en los sectores de la energía, el acero y la química.

…que está cerrando la industria en la que creció

Central de Mooburg

Y es que, en Renania, Laschet será recordado por ser el arquitecto de la transformación de las centrales de carbón y el cierre de las minas de lignito a cielo abierto que dieron color gris a sus propios recuerdos infantiles. Mientras participaba en el congreso que le invistió como líder de la CDU, su equipo cerraba los últimos flecos de un acuerdo entre Shell, Mitsubishi Heavy Industries (MHI), Wärme Hamburg y la sueca Vattenfall para construir un electrolizador de 100MW en la central térmica de Mooburg, cerrada a finales del año pasado.

En el debate sobre la transformación energética del estado sus rivales le acusaron de ambigüedad por defender la necesidad de mantener el precio de electricidad en unos rangos que permita a la industria seguir siendo competitiva. Y no faltaron tampoco los grupos conservacionistas, cada vez más opuestos a la expansión de la energía eólica.

Pero en realidad, no es de su experiencia de gobierno, por otro lado muy criticada por la gestión de la pandemia de Covid, de donde sale la verdadera fuerza política del hoy aspirante a Canciller. Sino de una serie de elecciones que sembró en los lejanos años noventa.

La pizza connection

Todo empezó en 1995 con una tertulia improbable en una pizzería de Bonn en la que dirigentes juveniles de los Verdes y la CDU comenzaron a encontrarse regularmente. Las distancias entonces, en la Alemania del gobierno decididamente pro-nuclear del Canciller Kohl, parecían insalvables. La CDU seguía siendo el partido preferido de la industria alemana. Los Verdes mantenían buena parte de su discurso anticapitalista original. Pero las complicidades generacionales y el atrevimiento de pensar un horizonte de gobierno común largo plazo, crearon la posibilidad del escenario de manera duradera y marcaron a los allí presentes ante la opinión pública.

Cuando estás en una mina, no importa de dónde vengan tus colegas

Armin Laschet

La lista de aquellos jóvenes democratacristianos se ha convertido hoy en un prontuario de los ministros, ex-ministros y operadores más fieles de Merkel: Hermann Gröhe , Andreas Krautscheid , Norbert Röttgen, Peter Altmaier, Ronald Pofalla, Andreas Storm, Eckart von Klaeden, Thomas Rachel, Julia Klöckner, Kristina Schröder y el propio Laschet, al que prácticamente todos han apoyado en bloque para elevarle al liderazgo del partido. Una pieza clave: Nathanael Liminski, el hombre que cosió la alianza congresual con el popular ministro de Salud, Jens Spahn. Liminski no es solo un sólido apoyo en los sectores católicos más conservadores del partido sino el enlace con la generación posterior a la Pizza Connection que ya ve una alianza de gobierno con los Verdes como el legado de Merkel y la forma natural de organizar la Transición ecológica.

El hombre para sacar a la CDU y a Alemania de la mina

La trayectoria de Laschet desde los tiempos de la Pizza Connection y de buena parte de sus apoyos más conocidos, como el actual ministro de finanzas Peter Altmeier, no permite llamarse a engaño. No son verdes ni filo-verdes, no han dejado por un momento de ser los intérpretes políticos de las necesidades de la gran industria alemana. Entienden que reverdecerla es su principal baza de futuro, así que van a empujarlas decididamente hacia la Transición ecológica aunque muchas veces eso suponga chocar con unos dirigentes empresariales que querrían ir más despacio.

No hay nada de ideología aquí. La Pizza Connection escenificaba una voluntad de poder, no un programa de transformación. La consigna oficial de Laschetescuchar, decidir, actuar– lo expresa bien. La generación de los 90 no enarbola principios, sino procedimientos.

Tras el líder renano una pesada maquinaria partidaria se está poniendo en marcha a toda velocidad. Tanta que el propio Laschet ha dado como prioridad orgánica mantenerla cosida durante este año. Probablemente triturará toda alternativa a la candidatura dentro del bloque conservador. El líder bávaro Markus Söder lo sabe y nunca fue más prudente. Si Laschet y su equipo llegan a articular el próximo gobierno, la misma lógica implacable empujará no solo a Alemania, sino a Europa entera, hacia una nueva aceleración del Pacto Verde. La competencia con EEUU y China por las inversiones de la descabornización ya ha comenzado. Y la alianza negri-verde que se dibuja tiene la vista puesta en ella.