Cada año se emiten más créditos de CO2 de los que utilizan las empresas como parte de sus compromisos voluntarios para la protección del clima. Los mercados voluntarios de derechos de emisión de dióxido de carbono (VCM, por sus siglas en inglés) han surgido como una alternativa de las grandes empresas para negociar unos derechos de emisión fuera de los mercados organizados, lo que los anglos denominan over the counter.

El presidente de Repsol, Josu Jon Imaz, finalmente ha difundido el alcance de los proyectos que su empresa ha propuesto al Plan de Recuperación y Resiliencia pagado con los fondos europeos: 30 proyectos valorados en 5.900 millones de euros. Eso si, no se ha extendido en qué tipo de unión temporal de empresas los sostendrían, ni cuántas empresas colaboradoras participarían en su propuesta.

Esta semana se aireó un acuerdo de última hora entre dos fabricantes de baterías para coches eléctricos cuyo conflicto amenazó una inversión de 2.600 millones de dólares en el estado de Georgia, y la paralización de la fabricación de coches eléctricos por parte de General Motors y Volkswagen en el mercado estadounidense.

La salida al mercado la semana pasada de un fondo cotizado en bolsa (ETF, por sus siglas en inglés) lanzado por BlackRock ha roto todos los récords en fondos ESG. El vehículo denominado US Carbon Transition Readiness logró atraer 1.250 millones de dólares convirtiéndose en el fondo ETF más grande de la historia y poniendo de relieve el atractivo para los inversores institucionales de los instrumentos de inversión con contenido social, medio ambiental y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés). Pero hay una verdad oculta en la preferencia de los gestores de inversión por los fondos ESG.