CBAM: El ajuste en frontera del CO2 crea fricciones externas

La presidenta de la Comisión Ursula Von der Leyen y el CBAM La presidenta de la Comisión Ursula Von der Leyen y el CBAM

Los países que carecen de un mecanismo de tasas o derechos de emisiones miran con recelo al debate dentro de la Unión Europea sobre el Mecanismo de Ajuste en Frontera de las emisiones de CO2 (CBAM, por su siglas en inglés).

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Los plazos de instauración del CBAM amenazan dar pie a un goteo de CO2

CBAM
El CBAM preocupa tanto a la industria europea como a sus competidores

La Comisión Europea tiene previsto iniciar el debate para dejar perfilado el proyecto en julio, aunque para que entre en una etapa de ejecución falta todavía un trecho largo que incluye el apoyo del Consejo Europeo y el Parlamento Europeo. Esto puede suponer años en la adopción del CBAM. O lo que es lo mismo, encontrar un equilibrio entre el precio de los productos fabricados en países sin derechos de emisión con los costes de fabricación en la UE.

Dos de los países que se verían más afectados por la aplicación de esta tasa son Turquía y Rusia. Reino Unido ha adoptado ya su propio sistema de derechos de emisión que no está vinculado al régimen de la UE y que es probable que sea aún más volátil que el que rige en ésta.

De acuerdo con fuentes en Bruselas CBAM se aplicaría inicialmente sobre el cemento, el aluminio, el acero, la energía eléctrica y los fertilizantes como muy tarde en el 2023. Estos sectores son intensivos en energía eléctrica y en la UE tienen una pesada carga por la aplicación de los derechos de emisión.

El encarecimiento de estos derechos en el último año ha más que duplicado su precio que esta semana toca los 50 € por tonelada de CO2 emitida. Las industrias europeas en esos sectores han desatado una ofensiva sobre la CE para lograr que se aceleren los planes del CBAM porque se ven en una seria desventaja comparativa respecto del precio de los productos de importación que soportan menores costes por la falta de una política de control de emisiones en los países de origen.

Bruselas hasta ahora ha mostrado una política de prudencia excesiva respecto a esta cuestión bajo la mirada vigilante de Alemania, puerta de entrada del gas ruso. Lo que ha llevado a los grupos siderúrgicos, por ejemplo, a presionar a través de la asociación EUROFER a la CE. En España UNESID, que es miembro de Eurofer, ha reiterado el efecto de la importación de chapa de acero china destinada a la industria del automóvil sobre la siderurgia local sin que haya hasta ahora obtenido una compensación significativa en derechos compensatorios.

La mirada rusa sobre el CBAM

La Federación Rusa tiene cerca de 815 millones de hectáreas de bosque, casi la mitad de su territorio y aproximadamente, el 20% del total de la superficie boscosa del mundo. ¿Tendrá en cuenta su capacidad de absorción de CO2 el CBAM?

La industria europea ha puesto el acento sobre el hecho que la ausencia de un mecanismo de compensación en frontera mientras se instaura el CBAM va a llevar al denominado goteo de carbono, es decir al establecimiento de industrias europeas en países sin derechos de emisión para abaratar sus productos y venderlos al mercado europeo desde terceros países.

Que la cuestión es vital ha sido puesto de relieve el mes pasado en una conferencia en Moscú convocada por el Consejo Ruso de Asuntos Internacionales (RIAC, por sus siglas en inglés) junto con la consultora y gestora de inversiones en el sector del petróleo Creon Group que se efectuó el 16 de abril.

Durante el debate en la conferencia Artien Bulatov, subdirector del departamento de cooperación europea del ministerio de Asuntos Exteriores, afirmó que: parece que algunos de nuestros socios no pueden resistir la tentación de instrumentar la agenda del clima para beneficio de sus economías, en una crítica ácida hacia el proyecto de CBAM. Tomamos nota de los planes para usar el mecanismo de ajuste en frontera como una fuente adicional de ingresos pare el presupuesto de la UE, y hablando con sinceridad está completamente en línea con el proteccionismo en la esfera comercial, añadió según la transcripción de su intervención.

La afirmación pretende deslucir los esfuerzos que la UE hace para evitar un conflicto con la Organización Mundial del Comercio (OMC). De acuerdo con la regulación de este organismo internacional, de escasa eficiencia en los últimos años, no se pueden adoptar recargos sobre importaciones por encima de los precios locales de los mismos productos.

La CE pretende bordar una CBAM cuya puntilla no roce este límite que puede generar una respuesta condenatoria en el propio seno de la OMC. Lo que hay detrás de este cruce de acusaciones está relacionado de forma directa con el hecho de que Rusia es el principal proveedor de productos y materias primas intensivas en CO2 de la UE cuyo importe alcanzó casi los 10.000 millones de euros en 2019.

La segunda fuente de productos y materias primas con alto contenido de carbono es China y el tercero Turquía. Ninguno de los tres tiene tasas sobre las emisiones ni un sistema de derechos de emisión, y son por lo tanto candidatos a la aplicación del CBAM.

Esto supone en el medio plazo un posible enfrentamiento con las autoridades rusas y de otros países que no aplican correcciones a la contaminación del medio ambiente. Pero en el caso de Rusia el conflicto es más profundo porque el comercio bilateral con la UE ha sufrido una contracción tras las sanciones aplicadas a Moscú por la ocupación y anexión de la península de Crimea en 2014.

Rusia suscribió el Acuerdo de París de 2015 en el 2019. Con oportunidad de este hecho publicó un documento de 19 págimas en el que se hacen públicas las normas. Lo esencial de ese documento es que el objetivo es una reducción del 70% de las emisiones de gases de invernadero respecto del nivel de 1990 en 2030. Es decir que Moscú adhiere al Protocolo de Kyoto de 1997 y al Acuerdo de París. El documento afirma que la reducción se hará tomando en cuenta la capacidad máxima de absorción de los bosques y otros ecosistemas y sujeta a un desarrollo económico y social equilibrado de la Federación Rusa.

Esto quiere decir que en realidad según como se valore la capacidad de absorción de la taiga y teniendo en cuenta el nivel de emisiones de 1990, puede ocurrir que en realidad las emisiones suban, advierten algunos analistas. En cualquier caso las observaciones de Bulatov no son una novedad. En la misma línea había intervenido en agosto de 2020 el ex primer ministro y presidente Dmitri Medveded quien en la actualidad es el segundo de a bordo del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa. Con lo cual se puede afirmar que esta es la orientación oficial del país y no un exabrupto de un alto funcionario.

La Alemania del NordStream y la Alemania de Baerbock

Annalena Baerbock
Annalena Baerbock, partidaria de la rápida instauración del CBAM

Mientras tanto y al margen de los objetivos anunciados por el gobierno ruso, hay empresas que aspiran a una reducción de emisiones o que ya tienen un bajo nivel de emisiones. El ejemplo más claro es la anglo rusa En+ Group plc. que es la vieja Rusal, propiedad antes del magnate Oleg Deripaska, que adquirió la mayor red de generación hidroelétrica de Rusia y es el mayor productor de energía hidroeléctrica independiente del mundo.

Sin embargo la empresa invitó a la UE a adoptar una posición menos dura en las negociaciones sobre el CBAM, y argumentó en favor de un acuerdo bilateral entre Rusia y la UE con un periodo de adaptación. Es necesario tener en cuenta que Rusia es el principal suministrador de gas natural a la UE a través de los gasoductos North Stream I y II. Por lo tanto el proceso de adaptación teniendo en cuenta la gravitación de Alemania en las decisiones de la UE no va a ser radical.

El elemento imponderable en la presente situación de incertidumbre sobre el CBAM es el resultado de las elecciones parlamentarias en Alemania el 26 de septiembre. Varias encuestas de opinión dan a Los Verdes y su candidata Annalena Baerbock, una victoria electoral por encima del partido de Angela Merkel, la CDU.

Estos cambios en las tendencias del electorado características de la fase actual de la política internacional, en la cual la fidelidad del voto ciudadano es una apuesta incierta, hace que el horizonte político en materia de medio ambiente en muchos países sea realmente imprevisible. España es en este sentido un caso claro, al igual que el resto de la Europa Mediterránea, en la cual no hay exponentes políticos claros con objetivos medio ambientales puros.