El BCE desarrolla una prueba de estrés por el cambio climático

Banco Central Europeo

El Banco Central Europeo (BCE) tiene en desarrollo una prueba de estrés global en la que incorpora datos de 4 millones de empresas y 2.000 bancos para determinar los efectos del calentamiento global sobre el riesgo de quebrantos en empresas y bancos. Las dimensiones de este experimento son significativas no sólo por el universo de empresas y entidades financieras considerado sino porque es una proyección a 30 años. Hasta ahora las estimaciones de riesgo vinculadas al cambio climático eran de corto plazo y relacionadas mayormente a los efectos de las políticas adoptadas para reducir el calentamiento global en los costes de las empresas y el efecto que podrían tener en el corto plazo incidentes físicos extremos como los incendios forestales y las inundaciones. El estudio tiene por objeto no sólo hacer una estimación global sino servir de base para desarrollar el modelo que el regulador va a utilizar en 2022 para medir el riesgo de las entidades financieras europeas frente al cambio climático mediante una prueba de estrés específica.

Las consecuencias del calentamiento global

El banco emisor del euro ha desarrollado un modelo para prever en el tiempo los efectos del calentamiento global. Que un banco central, que en los hechos es un banco de bancos en el grupo del euro, se haya metido en este proceso es un indicador de los riesgos sistémicos que el calentamiento global representa. Es probable que la pandemia de covid-19 haya actuado como acelerador de esta decisión. No sólo por el fuerte vínculo entre el deterioro del ecosistema y el desarrollo de virus zoonóticos. Sino porque la pandemia ha tenido un efecto devastador sobre la economía mundial precipitando el derrumbe de las economías. Una verdadera crisis del capital por su imposibilidad de generar beneficio.

Entre los efectos de la pandemia y un horizonte que prefigura no un accidente biológico sino una era de pandemias junto con el calentamiento global, podríamos decir que al regulador europeo no le ha quedado más remedio que reparar en las consecuencias económicas del cambio climático.

El BCE tiene por objetivo custodiar la economía europea para que la tasa de inflación sea levemente inferior pero lo más próxima posible al 2%. Pero desde la crisis de 2008 los trastornos sistémicos del sistema financiero se han convertido en su preocupación central. Ahora a ello se ha añadido la necesidad de sostener a las economías europeas para evitar su disolución. Poco parece importarle sin embargo al BCE el denominado lavado verde, es decir hacer pasar por sostenibles inversiones que no lo son. De momento esa preocupación se la ha dejado a la Comisión Europea (CE), aunque esta no sepa qué hacer con ella…

En este contexto, al organismo supervisor del sistema financiero de la zona euro ubicado en Frankfurt, le ha nacido la preocupación por las consecuencias del calentamiento global. Percibe de forma parcial, aunque cierta, que el conjunto del sistema productivo que rige en el mundo está puesto en riesgo por el calentamiento global. Y debiéramos añadir, aunque no sea parte consciente de este proceso, que la modificación de la biodiversidad y la extinción de especies va de la mano de este proceso.

El cambio climático es uno de los retos más grandes que enfrenta la humanidad en este siglo. Si se lo deja sin limitaciones es probable que desemboque en eventos climatológicos más severos y frecuentes causando una devastación extendida y alteraciones económicas. Se requieren cambios sustanciales en nuestros hábitos de producción, consumo, y de vida si el mundo quiere impedir un cambio climático catastrófico. No obstante, los cambios requeridos pueden en sí mismos generar alteraciones en la economía y en el sistema financiero.

Luis de Guindos, vicepresidende del BCE

La opinión del BCE es que mientras que la responsabilidad de combatir el cambio climático depende de los gobiernos, los bancos centrales pueden jugar un papel importante con su contribución. «Pueden ayudar a asegurar que el sistema financiero sea resiliente ante la transición hacia una economía con bajos niveles de emisión de carbono, aportando más y mejor información a los partícipes del mercado sobre los riesgos del cambio climático. Las pruebas de esfuerzo pueden ser una herramienta importante para ello, en la medida que pueden echar luz sobre los riesgos climáticos que aún anidan en las sombras,» de acuerdo con el banco emisor del euro.

El modelo

La estructura de la prueba de esfuerzo en curso incorpora datos de cuatro millones de compañías y 2.000 bancos a escala global -casi todas las entidades financieras de la zona del euro- y cubre un periodo de aquí a 30 años. El ejercicio tiene por objetivo valorar la exposición de los bancos de la zona del euro a los futuros riesgos climatológicos analizando la fortaleza de sus contrapartes en varios escenarios de cambio en el clima. Hasta ahora el riesgo que implica el cambio en el clima para la estabilidad del sistema financiero ha sido escasamente considerada, sin una cuantificación consistente ni un nivel de comprensión significativo.

El problema que supone un modelo que pueda hacer una previsión de largo plazo sobre el impacto del cambio climático en las empresas y los bancos es que el calentamiento global es de desarrollo lento y sus resultados se aprecian en el tiempo generando cambios potenciales irreversibles. Por lo tanto la estructura de un modelo eficiente debe incorporar representaciones eficaces de como interactúan la economía y el clima en el tiempo, al igual de cómo las políticas que se desarrollan para mitigar el cambio afectan tanto a la economía como al propio clima en el largo plazo.

La falta de progreso hasta ahora en el desarrollo de modelos plausibles para medir estas interacciones está directamente relacionado con la ausencia de datos suficientes de la huella de carbono de las empresas y por lo tanto de cómo les afectarán las políticas de mitigación de los efectos del calentamiento global. Y esto a su turno ha impedido medir el efecto sobre las entidades de crédito que son el vehículo de la financiación del tejido empresarial y quienes sufrirán el quebranto de las empresas. Estas se verán afectadas ya sea porque las políticas de mitigación elevan sus costes de forma rápida, o porque están más expuestas ellas o sus cadenas de producción y suministro a accidentes climatológicos severos por su localización geográfica, por ejemplo.

Como era de esperar por sentido común, los resultados preliminares de esta investigación demuestran que en ausencia de políticas para detener el calentamiento global el coste para las compañías a resultas de eventos climatológicos extremos incrementará de forma significativa su probabilidad de suspender pagos. Un mundo caliente será especialmente arriesgado para ciertas regiones que pueden ser más vulnerables a las olas de calor y los incendios salvajes en el futuro. De tal suerte que el calentamiento global representa una importante fuente de riesgo sistémico, en particular para los bancos cuyas inversiones de crédito se concentran en ciertos sectores económicos, y aun más importante en ciertas áreas geográficas específicas.

Según el BCE sus resultados indican también que hay claros beneficios en actuar de forma temprana. Los costes a corto plazo de la transición empalidecen frente a lo que puede ocasionar un cambio climático descontrolado en el medio a largo plazo. La adopción temprana de políticas para conducir las economías a un horizonte de emisiones cero también implica beneficios en términos de inversión y despliegue de tecnologías más eficientes.

Estos resultados resaltan la «necesidad crucial y urgente de una transición hacia una economía más verde, no solo para asegurar que se alcanzan los objetivos de los Acuerdos de París, sino también para limitar las disrupciones de la economía, negocios y formas de vida en el largo plazo», señala el BCE.

Riesgos trenzados

La velocidad con la cual los reguladores marquen el paso de la descarbonización de las economías va a incidir de forma radical en la rentabilidad de ciertas empresas. Los sectores de la minería y la extracciñón de combustibles fósiles va a soportar un peso significativo en este proceso y la velocidad con la que se haga determinará además las posibilidades de superviviencia de algunas empresas. Esto es lo que se ha dado en denominar el coste de la transición hacia un menor nivel de emisiones y afectará en mayor medida a las empresas que son grandes emisores de gases de invernadero. Un ejemplo es la siderurgia que se encuentra en Europa encarando la incorporación de tecnologías para la reducción de emisiones.

Los agentes financieros que tengan una cartera de crédito muy expuesta a esas industrias extractivas y transformadoras van a ver un incremento en su riesgo de crédito en la medida que sus clientes deban asumir los costes de transición. El argumento del BCE es que las consecuencias del calentamiento global serán mucho peores que el coste de adaptación al uso de nuevas tecnologías. Los bancos tienen otra faceta de su exposición porque muchos de ellos tienen inversiones directas en industrias con exposición al calentamiento global y a los procesos de descarbonización.

Un ejemplo es el de la corporación Criteria, propiedad de la Fundación Bancaria Caixa D’estalvis i Pensions de Barcelona, que es la dueña de una industria centrada en el gas y menos directamente en la generación de electricidad. A su turno CaixaBank es también propiedad de la Fundación. Habrá que ver cómo pasa por el filtro de la prueba de estrés de calentamiento global… Este ángulo de la realidad financiera puede conducir a que Criteria decida reducir su exposición a Naturgy, por mencionar algo de actualidad.

Por el otro lado están los riesgos físicos vinculados a la exposición de las industrias, el comercio y la minería a los fenómenos climatológicos extremos, desde inundaciones hasta los incendios salvajes. Estos riesgos están más vinculados a la localización de las actividades productivas o comerciales. La proximidad a las costas o a los bosques por ejemplo. Pero tanto los riesgos físicos como los de transición están finamente trenzados.

Si no se progresa en las medidas contra la reducción de las emisiones las empresas hacen frente a mayores riesgos de accidentes climatológicos extremos. Es decir a los riesgos físicos. Sin embargo una aceleración de las políticas para descarbonizar, como la tasa sobre CO2, puede incrementar el precio de las materias primas y la energía. También puede obligar a las empresas a hacer costosas inversiones a gran escala para reducir sus emisiones de CO2. Esto quiere decir que los riesgos físicos y de transición son en realidad dos caras de la misma moneda.

Una mayor acción política incrementará los riesgos de transición, pero reducirá en el largo plazo los riesgos físicos. De acuerdo con el BCE uno de los logros de la prueba de esfuerzo es haber capturado y cuantificado esta relación en su prueba de esfuerzo global. Habrá que esperar a los resultados definitivos este año.