El lado de la vida

La generación de energía que dio en llamarse sostenible, es decir que no produce emisiones de gases de invernadero, la movilidad sostenible es decir la que carece de emisiones de CO2 o las emite de forma reducida, la adopción creciente de fertilizantes no contaminantes, la producción agraria y la reproducción ganadera que carece de elementos contaminantes, la eliminación de insecticidas y plaguicidas que conllevan riesgos para la salud humana y de las restantes especies animales, se han convertido en una aspiración de la sociedades que se autocalifican de avanzadas. Es decir que tienen unos sistemas económicos desarrollados y están en condiciones de exportar capitales y desarrollar sus industrias en terceros países.

El desarrollo de este curso productivo requiere una movilización inmensa de capitales y el establecimiento de incentivos para que se orienten por sí mismos hacia formas sostenibles de producción

Las economías emergentes, lo que antes se denominaban países en desarrollo, se han plegado de forma diversa a las resoluciones bautizadas como Acuerdo de París sobre el Cambio Climático de 2015 fruto de la conferencia internacional bautizada como COP 21. El acuerdo fue firmado en 2016 por 95 de los 195 asistentes a la conferencia que acordaron el texto final. El Acuerdo viene a sustituir el Protocolo de Kyoto pactado en 1997. En su esencia el Acuerdo es un compromiso internacional para impedir que la temperatura del planeta supere un incremento de dos grados centígrados respecto de la época preindustrial. Se supone que esa época es 1850, cuando se iniciaron los registros regulares de temperatura en la tierra y en 1992 se consideró que esa temperatura se había incrementado en 1,5ºC. El Acuerdo propone que el incremento de la temperatura no supere los 1,5º respecto de ese nivel. La Unión Europea (UE) es signataria de ese acuerdo como tal y también lo son sus estados miembro. Estados Unidos abandonó el Acuerdo bajo el gobierno de Donald Trump y está por verse si la Administración entrante va a revertir esa posición.

Este nivel que fue objeto de mucha controversia es ahora un objetivo en general aceptado. La realidad es que una violenta crisis económica que maduraba en el seno del mundo industrial y el emergente, ha eclosionado con fuerza con el advenimiento de la pandemia de la Covid-19 como ha preferido denominar la Organización Mundial de la Salud (OMS) al virus de Wuhan y a la neumonía aguda que produce. La combinación de estos hechos ha provocado una crisis económica global calificada por los organismos multilaterales como un crack más agudo que el de 1929 en el siglo pasado.

El hundimiento del consumo de los productos manufacturados y de los combustibles fósiles ha creado un abismo a los pies de las grandes corporaciones. Esto ha convertido lo que antes era una tendencia en desarrollo en un curso productivo concreto. Pero el desarrollo de este curso productivo requiere una movilización inmensa de capitales y el establecimiento de incentivos para que se orienten por sí mismos hacia formas sostenibles de producción.

Nuestra misión es hacer un análisis crítico de esta transformación y en particular de la masa abrumadora de información, para que los lectores y los partícipes de este proceso puedan sacar sus propias conclusiones de lo que está ocurriendo

Las corporaciones y los bancos han visto en este camino la posibilidad de superar lo que parecía una crisis terminal. Las grandes petroleras se han lanzado a suspender proyectos de explotación de combustibles fósiles y se orientan hacia combustibles de transición y a energías renovables. Las empresas de infraestructuras del gas se proponen unir sus redes para transportar hidrógeno verde, según afirman; la industria del automóvil dice que producirá vehículos climáticamente sostenibles, es decir, eléctricos; la producción agraria en Europa está pegando un giro considerable, y hay un rechazo consistente a los fertilizantes y pesticidas de riesgo. Pero todo esto es un proceso en curso que aún deberá rendir sus frutos reales y se trata de discriminar entre las señales diversas cómo evoluciona este proceso.

Nuestra misión es hacer un análisis crítico de esta transformación y en particular de la masa abrumadora de información, para que los lectores y los partícipes de este proceso puedan sacar sus propias conclusiones de lo que está ocurriendo. Nuestra plantilla consta de analistas de este flujo informativo. Creemos firmemente en que se deben modificar las condiciones de producción y generación para que el mundo sea compatible con la vida en esta era de pandemias. Dudamos de que las instituciones presentes estén a la altura de las circunstancias. Nuestro objetivo es analizar este proceso del lado de la vida.