Energía nuclear en Europa: presiones, encubrimientos y accidentes en sordina en nombre del Pacto Verde

Energía nuclear en Europa y pacto verde Energía nuclear en Europa y pacto verde

La energía nuclear en Europa ve la puerta abierta con el Pacto Verde. La dificultad que supone para muchos países cumplir con el compromiso de reducción de emisiones y la ambición de las eléctricas han confluido en una insospechada campaña capaz de poner sordina no solo sobre los peligros, sino sobre los últimos accidentes, reales y graves, en las fronteras de Europa.

En este artículo

El pacto verde y la energía nuclear en Europa

La energía nuclear en Europa y el libro de reglas de taxonomía para las finanzas verdes

La discusión en el Parlamento Europeo sobre el libro de reglas de taxonomía para las finanzas verdes se centró entre si el gas natural debía ser considerado combustible de transición o no, o en si podría obtener la etiqueta de inversión sostenible cumpliendo determinados requisitos. La cuestión ha sido polémica y mientras se producían encendidos debates sobre el gas, la energía nuclear se metía por la puerta de atrás.

La semana pasada siete líderes europeos encabezados por Macron pedían a la UE que apoyara «activamente» la energía nuclear. Los signatarios incluyen a los líderes de la República Checa, Francia, Hungría, Polonia, Rumania, Eslovaquia y Eslovenia. El mes pasado, el grupo de presión de la industria nuclear Foratom expresaba su preocupación por el riesgo de que la energía nuclear fuera excluida del libro de reglas de taxonomía de finanzas sostenibles de la UE.

El sábado pasado se filtró un borrador del informe del Joint Research Centre (JRC), el cuerpo de expertos científicos de la Comisión Europea, en el que se dice que la energía nuclear merece ser etiquetada como verde.

Los análisis no revelaron ninguna evidencia científica de que la energía nuclear cause más daño a la salud humana o al medio ambiente que otras tecnologías de producción de electricidad.

Joint Research Centre – European Commissiooo

Austria y Alemania que se oponen a la energía nuclear, señalando los riesgos medioambientales que plantean los residuos radiactivos, también recibieron respuesta en el borrador del JRC:

Para los desechos radiactivos de alta actividad y el combustible gastado, existe un amplio consenso entre las comunidades científicas, tecnológicas y reguladoras de que la disposición final en repositorios geológicos profundos es la solución más eficaz y segura que puede garantizar que no se causen daños significativos a los seres humanos, la vida y el medio ambiente durante el período de tiempo requerido.

Joint Research Centre – European Commission

Sin embargo, 4 meses antes de este estudio, otro grupo de expertos de la UE, el Technical Expert Group on Sustainable Finance (TEG), emitió un informe que excluía a la energía nuclear del Pacto Verde. Tomando en consideración tanto su potencial para reducir emisiones, como el posible daño significativo a otros objetivos medioambientales, como la economía circular y la gestión de residuos, la biodiversidad, los sistemas hídricos y la contaminación, concluía que:

Dadas estas limitaciones, no fue posible para el TEG, ni para sus miembros, concluir que la cadena de valor de la energía nuclear no causa un daño significativo a otros objetivos medioambientales en las escalas de tiempo en cuestión. Por lo tanto, el TEG no ha recomendado la inclusión de la energía nuclear en la Taxonomía en esta fase.

Taxonomy Report: Technical Annex – EU Technical Group

Ayer, la portavoz nuclear de los Verdes en Alemania, Sylvia Kotting-Uhl, acusó directamente a los expertos del Joint Research Center de parcialidad: Nadie podría esperar un informe independiente sobre los peligros de la energía nuclear de una organización que está financiada directamente por la Comunidad Europea de Energía Atómica, declaró.

Los ecologistas conversos

El 15 de marzo, François de Rugy, ex-Ministro de Transición Ecológica de Francia y famoso ecologista de larga data, declaraba en una entrevista a Le Point haber cambiado de opinión sobre la energía nuclear durante su etapa al frente del Ministerio. Se declara partidario de la continuidad de la energía nuclear y del almacenamiento profundo de los residuos nucleares ya que, en Francia, ha visto que no existen riesgos de seguridad.

El viernes pasado, El Mundo publicaba en su serie Las caras de la transición verde una entrevista al catedrático de biotecnología y divulgador José Miguel Mulet con ocasión de la publicación de su nuevo libro Ecologismo real, en la que defiende alargar la vida de las centrales nucleares para reducir el uso de combustibles fósiles y garantizar el suministro ya que las renovables por sí solas no pueden ser responsables de la energía que necesita un país como España.

Ayer, en otro medio español, se publicaba otra entrevista a Michael Shellenberger, activista desde la adolescencia, profesional del ecologismo desde que se licenció y colaborador de la Administración Obama. Él también tiene un nuevo libro, No hay apocalipsis. Su especialidad es la defensa de la energía nuclear como arma en la lucha contra el cambio climático.

Ambos personajes tienen un plantamiento similar: Criticar la hipocresía de Al Gore o el príncipe Carlos de Inglaterra y los alarmismos de Greta Thunberg o Extinction Rebellion, -quizá en una estrategia de identificación con el público- y defender un punto de vista racional, basado en la evidencia científica, sin sacrificios innecesarios ni medias verdades sobre las energías renovables.

Y mientras tanto en Bielorrusia

En la primavera de 2020 Bielorrusia finalizaba la construcción de su primera central nuclear en Astravyets. El Presidente de Bielorrusia, Aleksandr Lukashenko, ha estado invirtiendo en la capacidad de generación de energía de Bielorrusia con la esperanza de alejar al país de las importaciones de gas ruso y también para fortalecer su posición como exportador a sus vecinos: en el mes de enero Bielorrusia exportó más energía a los estados bálticos y Ucrania que en todo 2020.

La noticia transcendió por las quejas ante la Unión Europea de Lituania que, con la central a 50 kilómetros de su capital, la consideraba un riesgo para su país y para todo el continente, planteando serias dudas sobre la fiabilidad de Rosatom, la corporación estatal nuclear rusa, responsable del proyecto.

En ese momento, Bielorrusia hizo todo lo posible por tranquilizar tanto a sus vecinos como a la UE. Entre otras cosas, estableció un sistema de alerta temprana conjunto con Lituania y firmó un acuerdo de supervisión tecnológica de dos años con el Organismo Internacional de Energía Atómica.

Después de una inspección, el Grupo Europeo de Reguladores de Seguridad Nuclear admitió que Bielorrusia había llevado a cabo avances en materia de seguridad en la planta nuclear. Las conclusiones se basaron en documentos e información de las autoridades bielorrusas, verificados durante una visita de funcionarios europeos a la planta en febrero.

La planta tenía previsto iniciar actividad a finales de 2020 pero el Parlamento Europeo exigió que se retrasara la puesta en marcha hasta que estuvieran implementadas todas las mejoras de seguridad recomendadas.

Sin embargo, durante las pruebas para su puesta en marcha, en otoño del año pasado, la organización ecologista bielorusa Ecohome denunció haber recibido información sobre una posible situación de emergencia en la central por mal funcionamiento del sistema de enfriamiento de respaldo del reactor de la primera unidad de potencia. Según la ONG, varias fuentes distintas confirmaron el suceso entre septiembre y octubre.

Según la información de una organización que trabaja en estrecha colaboración con la central en cuestiones de seguridad, se produjo una emergencia importante al final de la prueba hidráulicas en la central nuclear. Debido a la válvula sin abrir, durante el bombeo del líquido al final de las pruebas, el tanque del sistema de enfriamiento de emergencia del primer reactor resultó dañado. Lo más probable es que haya ocurrido la implosión del tanque. Requiere reemplazo, pero como reemplazar el tanque equivale a admitir un accidente, intentan arreglarlo en su lugar. Por lo tanto, tenemos un reactor «caliente» con un sistema de enfriamiento de emergencia de respaldo que funciona anormalmente (en el mejor de los casos).

Comunicado de Ecohome el 30 de noviembre de 2020

Es decir, en algún momento a partir de septiembre, la planta del reactor estuvo operando -en pruebas- por tiempo indeterminado sin un sistema de enfriamiento de emergencia para el primer reactor. Ecohome afirmaba en su comunicado haber pedido explicaciones a la central y haber obtenido como respuesta una negación total de cualquier incidente.

Lituania, que no solo está muy cerca de la central sino que recibe electricidad de la misma, hizo una consulta a través de su Ministerio de Exteriores. A pesar de no haber detectado aumentos de radiación, Lituania había leído el comunicado de Ecohome y sobre todo, había detectado que la planta dejó de suministrar electricidad dos días seguidos durante varias horas. El operador de la red lituano, Litgrid, afirmó que las interrupciones eran corrientes, debido a que la central todavía estaba en pruebas pero que en cualquier caso las autoridades bielorrusas normalmente no les informan sobre los incidentes.

Después de negarlo todo, el Ministerio de Energía bieloruso admitió que había identificado la necesidad de una corrección adicional del funcionamiento de las cubiertas de los absorbentes de sonido de vapor. En otro comunicado, el Ministerio comunicaba que la primera unidad había sido cerrada y desconectada de la red pero que se trataba de un paso final en la etapa de arranque y las pruebas de funcionamiento.

El 15 de enero, dos días después de informar de que la central ya funcionaba a pleno rendimiento, tuvo lugar un nuevo incidente: La Unidad 1 de la planta de Astravets fue desconectada de la red después de activarse el sistema de protección del generador, según el Ministerio de Energía.

El 7 de marzo, los canales de Telegram bielorrusos informaron de una avería del sistema de refrigeración de la planta nuclear de Astravyets. El hecho no trascenció en ese momento, pero de nuevo, Lituania, denunció que todas las estaciones bielorusas de monitorización de radiación de acceso público se apagaron.

Las estaciones se volvieron a encender más tarde mostrando niveles normales de radiación, admitió Julius Žiliukas, director del Centro de Seguridad Radiológica de Lituania, pero, añade, una cosa así no había sucedido hasta ahora y el viento soplaba hacia el este, lo que puede explicar que no hubiera picos en los sensores lituanos. Según Žiliukas, se compartieron fotos en las redes sociales de personas midiendo el aumento de los niveles de radiación, pero esta informacón no ha podido ser confirmada.

El Gobierno de Minsk ha vuelto a negar la existencia de cualquier incidente y asegura que los índices de radiación son normales. Lituania insiste en que la planta está funcionando sin haber implantado todos las medidas de seguridad requeridas y sigue sin recibir respuesta a sus requerimientos de información, lo que, afirman, podría considerarse un incumplimiento por parte de Bielorrusia de sus obligaciones en virtud de la Convención sobre Seguridad Nuclear.

Ningún medio español se ha hecho eco de esta noticia.