De Santander a JP Morgan: ¿Green washing o finanzas verdes?

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Entre sospechas de green washing muchas veces confirmadas, el avance de las finanzas verdes parece incesante. Un ejemplo es el crecimiento de la plataforma denominada Net Zero Asset Managers Initiative (NZAMI) que al final de marzo había reunido a 70 gestoras de fondos de inversión. Santander Asset Management anunció el 30 de marzo que se había unido a la iniciativa, de la que forman parte los nombres más destacados de las finanzas internacionales.

Pero mientras tanto la taxonomía que separa lo sostenible de lo contaminante se sigue cociendo a fuego lento. Demasiado lento. Quizá el anuncio más importante en este terreno ha sido el del Banco Central Chino, que colaborará a escala internacional para ajustar las reglas y se propone canalizar hacia inversiones verdes los flujos financieros en ese país.

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NZAMI, Santander y Black Rock

En la junta general de accionistas del Banco de Santander en marzo, su presidenta, Ana Patricia Botín, declaró el compromiso del banco con la canalización de recursos hacia las finanzas verdes. Santander Asset Management anunció el 30 de marzo que se había unido a la iniciativa Net Zero Asset Managers Initiative (NZAMI). El objetivo de esta plataforma es la neutralidad en carbono en 2050 o antes. No es un objetivo ambicioso en exceso.

NZAMI señaló que colectivamente los 70 fondos que forman parte del agrupamiento representan 32 billones de dólares de recursos en gestión. Los últimos miembros en integrarse incluyen a Santander AM, Aviva Investors, Allianz Global Investors, BlackRock, Macquarie Asset Management, Standard Life Aberdeen y Vanguard Group, de acuerdo con un portavoz del grupo. Más allá del objetivo de las cero emisiones financiadas en 2050 la iniciativa requiere de sus miembros que se postulen objetivos intermedios para 2030 o antes.

Estos objetivos deberían lograrse mediante la reducción directa de emisiones y no por la compensación con acciones verdes para rebajar el impacto de lo financiado en el área gris de los proyectos contaminantes. O por decirlo de otra manera: no vale plantar árboles… Es de tener en cuenta que la Comisión Europea (CE) puso en circulación el pasado 10 de marzo las normas que exigen a los gestores de inversión europeos en su primera fase la comunicación del destino de sus inversiones desde el punto de vista de la sostenibilidad. En esta etapa se trata de diferenciar el contenido de la cartera de inversiones entre sostenible y no sostenible.

De momento, de acuerdo con los analistas del sector, se trata del modelo más avanzado en el intento de evitar el green washing, es decir, dar por sostenibles inversiones que no lo son e inducir a los inversores a error sobre el destino de su dinero. Algo desde luego hasta ahora dominante. La gran contradicción de esta iniciativa europea es que el libro de la taxonomía, es decir la definición de qué es y qué no es sostenible, está sin acabar y es objeto de un intenso debate y operaciones de lobby de último momento como las denunciadas en febrero en vísperas de la entrada en vigor del paquete de la CE.

Los miembros del grupo deben además hacer transparentes los riesgos para el clima en línea con lo determinado por la Fuerza de Trabajo sobre Transparencia Financiera en Relación con el Clima (Task Force for Climate-related Financial Disclosures (TCFD) recommendations) y desarrollar planes creíbles para minimizar riesgos en el largo plazo. Muchos de los miembros del grupo tienen sus propios objetivos en un horizonte de tiempo variable.

Curiosamente Aviva Investors lanzó esta semana una campaña propia enviando cartas a Gobiernos y personalidades de 24 naciones, incluido Brasil donde el Gobierno de Jair Bolsonaro ha levantado la veda a la deforestación, solicitando políticas activas en materia de sostenibilidad.

El consejero delegado de BlackRock, Larry Fink, a quien se le suelta la lengua de forma oportunista cuando le viene bien hacer campaña ha declarado que Ayudar a los inversores a preparar sus carteras de activos y capturar oportunidades de inversión en el paso hacia las inversiones netas cero es una de nuestras mayores responsabilidades. BlackRock está orgullosa de colocar su nombre detrás de esta iniciativa, y me alienta las posibilidad de ver crecer el impulso hacia las emisiones cero en los sectores públicos y privados. Hay que puntualizar que BlackRock se ató a este carro hace poco más de un par de semanas…

China y el cuadro internacional

La trascendencia del cuadro internacional la dio a finales de marzo el gobernador del Banco Popular de China, Yi Gang, quien tras definir la situación de la política monetaria de su país como holgada y con posibilidades de una mayor expansión en caso de necesidad, centró la cuestión de las finanzas verdes.

Yi Gang señaló como motor de las iniciativas oficiales a los riesgos que entraña el deterioro del medio ambiente. De un lado por la creciente irrupción de fenómenos climatológicos extremos y sus efectos disruptivos sobre la economía, y del otro por las consecuencias del deterioro en el valor de los activos contaminantes y no renovables y su efecto negativo sobre los balances de las entidades de crédito. Un discurso paralelo al del Banco de Pagos Internacionales.

A la luz de estos elementos señaló que China estaba involucrada en la cooperación con otros países en el desarrollo de una regulación eficaz para asegurar la transición verde de las finanzas. El alto funcionario definió cinco objetivos: el primero mejorar el sistema estándar de finanzas verdes, el segundo fortalecer la presentación y divulgación de información, el tercero incorporar plenamente los factores del cambio climático en el marco de políticas, el cuarto alentar a las instituciones financieras a responder activamente a los desafíos climáticos, y el quinto profundizar la cooperación internacional.

Respecto del último punto señaló que en 2016 el banco central inició el Grupo de Investigación de Finanzas Sostenibles del G20 y actuó como copresidente durante la presidencia del G20 en China. Según sus palabras ese periodo jugó un papel activo en la consolidación del consenso internacional sobre finanzas verdes.

En 2021, Italia, que tiene la presidencia del G20, reinició el grupo de investigación, y el Banco Popular de China y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos actúan conjuntamente como copresidentes. Fortaleceremos la coordinación con Italia, Estados Unidos y otros miembros del G20, discutiremos y formularemos una hoja de ruta general para promover las finanzas sostenibles y alentaremos a todas las partes a discutir temas clave que requieren una mayor coordinación internacional, como la presentación y divulgación de información y la clasificación ecológica y sus normas.

De acuerdo con Yi Gang el Banco Popular de China continuará profundizando la cooperación internacional bajo mecanismos multilaterales como el Banco Central y la agencia reguladora Green Finance Network (NGFS) y la Plataforma Internacional para Finanzas Sostenibles (IPSF). No faltó el mensaje de la expansión al señalar que continuaremos ayudando a los países en desarrollo a fortalecer su capacidad de financiamiento verde y mejorar su capacidad para apoyar su propia transformación verde y abordar el cambio climático.

Más allá de la disposición a una cooperación internacional el gobernador del banco chino dejó claro que piensa canalizar flujos financieros en el interior del país hacia objetivos sostenibles y quiere comprometer al sector privado chino en el desarrollo de activos verdes ara contener el cambio climático.

La iniciativa es un reconocimiento de que los límites reales del crecimiento en la economía global que se han instalado sobre la espalda de la pandemia de covid-19 sólo se pueden traspasar sobre la base de un impulso financiero mixto en un intento de hacer pivotar sobre las energías renovables una nueva etapa de crecimiento internacional.

Pero al sistema financiero internacional le falta recorrer aun un buen trecho. Los grandes inversores y la banca internacional han suministrado 750.000 millones de dólares de financiación al sector de los combustibles fósiles en 2020. De acuerdo con el informe Banca y Caos Climático de un grupo de ONGs encabezadas por Rainforest Action Network la financiación de combustibles fósiles por parte de los 60 principales bancos comerciales y de negocios representó 3,8 billones de dólares entre 2016 y 2020.

El estudio señala que la financiación de los combustibles fósiles cayó el año pasado un 9% en paralelo con el desplome de la demanda en medio de la pandemia de la covid 19. Pese a ello los niveles de financiación de 2020 están por encima de los registrados en 2016, el año siguiente a la adopción de los Acuerdos de París sobre el Clima. De acuerdo con el informe, el balance de los últimos cinco años es que el flujo de dinero se dirige en el sentido opuesto a lo que sería necesario para descarbonizar la economía mundial.

JPMorgan Chase se mantiene como el peor banquero en términos de apoyo a los combustibles fósiles durante todo este periodo, aunque sus aportes de financiación cayeron de forma significativa el año pasado, crisis mediante.

Citi lo sigue como el segundo peor banco en términos de combustibles fósiles, seguido por Wells Fargo, Bank of America, Royal Bank of Canada, y Mitshubishi UFG. Barclays es el peor en Europa y el Banco de China es el peor en ese país. El informe es instructivo porque pone blanco sobre negro el grado de integración del sistema financiero internacional con las industrias extractivas, los combustibles fósiles, y las actividades altamente contaminantes como ciertas formas de minería. Lo cual deja como compromisos poco creíbles los verbalizados por los bancos.