Informe ejecutivo: la descarbonización de Repsol

Repsol invertirá 5.000 millones de euros para llegar a las cero emisiones netas en 2050. La petrolera presenta una nueva generación de servicios y una nueva estrella: el hidrógeno verde. Una apuesta que cubre manteniendo la producción de hidrocarburos fósiles y reforzando su área de renovables.

Cuatro flashes

Indicador de Intensidad de Carbono. (Fuente: Repsol). El indicador mide la relación entre las emisiones de CO2 y la energía producida, siguiendo una metodología de medición desarrollada por la empresa para cumplir con los acuerdos de París.

1La compañía quiere llegar a 2025 con una reducción del 12% en el indicador de intensidad de Carbono. El foco está puesto en la descarbonización de sus complejos industriales. Las claves: más biocombustibles, apuesta por el hidrógeno verde y nuevos sistemas de aprovechamiento de residuos. Para ello invertirá 400 millones en procesos para reducir 800 millones de toneladas de CO2. Todas las instalaciones contarán con sistemas de captura de CO2 de la atmósfera.

2 Su porfolio se diversifica, equilibrando la producción de hidrocarburos de origen fósil con combustibles sostenibles, biogás, hidrógeno a partir de fuentes renovables y combustibles sintéticos orientados al transporte (aviación, transporte pesado por carretera y sector naviero).

3 La generación de energía renovable se concentrará en España, si bien Chile tendrá un papel importante en la obtención de electricidad mediante instalaciones solares, eólicas e hidráulicas. Permanecen contadas actividades de exploración en América y Europa.

4 Del total de 18.400 millones para la reconversión de su actividad, 5.000 millones de euros se destinarán a iniciativas bajas en carbono agrupadas en cuatro ejes: eficiencia energética, economía circular, hidrógeno renovable y captura y uso de CO2. Estas iniciativas incluyen la generación eléctrica renovable, la puesta en marcha de nuevas plataformas industriales, la mejora de la eficiencia energética en distintos ámbitos, el desarrollo de servicios energéticos de valor añadido para el hogar, y nuevos proyectos de movilidad avanzada.

Tres iniciativas que cambian el terreno de juego

Josu Jon Imaz quiere convertir a España en un hub energético libre de CO2

Hidrógeno

Repsol quiere liderar la expansión del Hidrógeno en la Península Ibérica. Un nuevo mercado en el que España partiría con ventaja gracias a los recursos renovables disponibles. La compañía fija como objetivo alcanzar una producción de 400 MW de Hidrógeno en 2025 y de 1,2 GW en 2030.

Combustibles

También aspira a liderar el sector de combustibles sostenibles, pasando de las 700 mil toneladas que ya producen a 1,3 millones en 2025 y más de dos millones de toneladas en 2030. Cartagena se convertirá en la planta de referencia con un funcionamiento pleno a partir de 2023.

El eje Bilbao-Muskiz se descarboniza

Petronor avanzará en la generación de biogás a partir de los residuos urbanos del área metropolitana de Bilbao. En parte, sustituirá al gas natural usado en la refinería y servirá para producir Hidrógeno renovable. Además se prevé la construcción de una planta en el puerto de Bilbao dedicada a combustibles sintéticos. Sobre el papel, estaría operativa en 2024 y utilizaría como materias primas Hidrógeno renovable y CO2 capturado en la refinería de Petronor.

Análisis: contra los riesgos de la Transición, el optimismo del largo plazo

A diferencia de muchos planes de empresa que están presentándose en estos días en Europa, Repsol es optimista. La energía mira a largo plazo. Y a largo plazo caben escenarios globales en los que la demanda sectorial crece no solo por el aumento de la población sino por la mejora sostenida del nivel de vida.

Partiendo de esa perspectiva, la compañía nos presenta la descarbonización como un proceso en el que equilibrará paulatinamente su producción de gas y petróleo con la introducción de las tecnologías de producción sostenible. Planear a largo plazo, protegería a la compañía del impacto inmediato de inestabilidades sociales -como las causadas por la actual pandemia- y los vaivenes de mercado, permitiéndole mantener una retribución competitiva a los accionistas.

En 2021, el dividendo será de 0,60€/acción (scrip dividend más dividendo en efectivo), cantidad que se incrementará progresivamente a lo largo del Plan, hasta alcanzar los 0,75 €/acción. En 2025, la remuneración al accionista superará 1€/acción, incluyendo el pago en efectivo y la recompra de acciones que se realizaría a partir de 2022.

Plan estratégico de Repsol

La transición energética no es un proceso de ingeniería, es un cambio de modelo empresarial y conlleva riesgos; Repsol tendrá que navegar con el viento en contra en no pocas etapas

A la vista de la documentación publicada, podemos decir que el plan de transformación de Repsol es un trabajo minucioso, elaborado con precisión de relojero suizo y voluntad de capitán de goleta. Tiene presente en cada epígrafe el grado de riesgo y la necesidad de asegurar al inversor un resultado positivo ejercicio a ejercicio hasta culminar la transformación. No resulta sorprendente. El exceso de confianza nunca fue marca de la casa. Y las energéticas europeas están jugando bazas similares. Todos los días recogemos anuncios de nuevas infraestructuras de producción y servicios sobre hidrógeno, renovables y combustibles sostenibles respaldadas por cataratas de millones de euros en inversiones. La carrera por ser el primero y el mayor ha comenzado. La batalla se librará al mismo tiempo en tres frentes: el nuevo liderazgo tecnológico, el apoyo público y la captación de inversiones. E Imaz llega a la pole position con una tesorería saneada, capacidad para generar flujo de caja y la aspiración de reducir costes de estructura mediante la incorporación de nuevas formas de trabajo y el adelgazamiento de la estructura corporativa.

Pero no nos engañemos: la transición energética no es un proceso de ingeniería. Es un cambio de modelo empresarial y conlleva riesgos. El Pacto Verde europeo genera un marco de incentivos y regulaciones que reduce la incertidumbre, pero no la anula. Para empezar, arranca en un momento de maduración inconclusa de las tecnologías que han de vehicular el proceso. Su propia transformación le obligará a afrontar las incidencias asociadas a la reducción de inversiones y al cierre paulatino de sus actividades de gas y petróleo. Y además, la compañía tendrá que navegar con viento en contra no pocas etapas: enfrentando la incertidumbre instalada en los mercados y equilibrando posibles caídas de los precios de los hidrocarburos a largo plazo.

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