La “especulación verde” impulsa el precio de los metales críticos

Mina de níquel en Norilsk, Rusia. Fotografía de Nikolay Zhukov.

Los mercados de metales registraron en los últimos dos años una serie de alzas en lo que se califica como metales de transición: cobre, cobalto, cromo, litio, níquel o zinc. Es decir los metales implicados en la transición hacia formas sostenibles de generación de energía, movilidad y en general tecnologías vinculadas con la reducción de las emisiones de CO2 y otros gases causantes del efecto invernadero. Se da por sentado que el crecimiento de los precios está relacionado con un aumento de la demanda de este grupo de metales y las miradas se dirigen hacia la industria del automóvil en la medida que el crecimiento de las ventas de vehículos eléctricos acapara titulares.

Sin embargo, la industria del automóvil ha sufrido uno de los peores años de los que se tenga registro en el 2020. Es cierto que el incremento de las ventas de vehículos eléctricos (VE) ha sido significativa, pero partía de un nivel muy bajo y sigue siendo una fracción ínfima del mercado a escala mundial. Pero basta que se apunte una tendencia alcista para que los flujos financieros, en medio de una colosal presencia de excedentes de dinero, se dirijan hacia los mercados influidos por ella. El resultado es el aumento de precios.

Basta que se apunte una tendencia alcista para que los flujos financieros, en medio de una colosal presencia de excedentes de dinero, se dirijan hacia los mercados influidos por ella y los precios suban

El precio del níquel en el Mercado de Metales de Londres (LME, por sus siglas en inglés) creció un 70% desde su punto más bajo en marzo pasado cuando cotizaba a 18.410 dólares la tonelada. El crecimiento de los precios se debe a las expectativas de los especuladores: esperan que el desarrollo del VE incremente la demanda del metal. Lo mismo ha ocurrido con el cobalto recientemente. Las baterías de los VE han aumentado la concentración de níquel porque este metal favorece la capacidad de acumulación de las baterías.

El impulso que los gobiernos están dando a la reducción de las emisiones y el papel que juegan los VE en el Pacto Verde Europeo han contribuido a esta corriente inversora. Los precios del cobre y el litio también se han visto influidos en meses recientes por los mismos motivos. Sin embargo los analistas del sector de los metales críticos señalan que el auge de los precios no está relacionado con los fundamentos del mercado.

Apuntan que el año pasado se registraron excedentes significativos de níquel en los almacenes de materias primas y que se espera que este año se mantengan los excedentes muy por encima de la demanda. De acuerdo con fuentes industriales sólo el 8% del níquel disponible va destinado a la fabricación de baterías para VE y el 75% de la demanda lo constituye la industria del acero inoxidable. Aunque históricamente la demanda de níquel va a crecer, y de acuerdo con los estudios de algunas consultoras como CRU ese crecimiento puede suponer que las baterías demanden hasta el 32% del níquel disponible en el 2040.

Hay ya una serie de nuevos proyectos en marcha en África, Canadá, Indonesia, y Estados Unidos que supondrán la persistencia de excedentes de este metal. La mayor fuente de abastecimiento en el futuro puede provenir de los dos proyectos en Indonesia que tienen respaldo chino. Estos proyectos usarán como tecnología la lixiviación ácida de alta presión para separar el níquel y el cobalto que se encuentran habitualmente asociados en la minería. El primero de ellos, encabezado por Ningbo Lygend, debe entrar en producción este año. El otro es iniciativa del fabricante de materiales para baterías para VE chino GEM Co. que pretende iniciar su producción en 2022.

Solo es posible sacar dos conclusiones: la primera es que será muy difícil que haya escasez de níquel para las baterías de vehículos a corto plazo de un lado y que la ola especulativa en este metal tiene ahora muy poco fundamento.

La mayor parte de los estímulos económicos en Europa y a escala global se centran en la energía renovable y esto es lo que está movilizando en buena medida la toma de posición de los capitales especulativos.

Desde el punto de vista de los fondos de inversión las preferencias se mueven hacia el cobre, en la medida que su utilización es más amplia porque se usa en una gama amplia de tecnologías limpias que incluye a los aerogeneradores. A los analistas no se les escapa que en este metal puede sufrir más problemas de suministro.

Las fuerzas que operan hacia el alza de precios

Hacer un pronóstico de los equilibrios del mercado de los metales involucrados en el desarrollo de la economía verde es complejo porque dependen en buena medida de la velocidad con la que crezca el mercado de los VE, un hecho vinculado a su demanda, y esta a su vez, al precio. De momento, en la Unión Europea la descarbonización de la flota de vehículos privados se está viendo frenada por ambos frentes. La gran disparidad de ayudas oficiales para la adquisición, hace que sean relativamente más caros en los países con rentas alrededor o por debajo de la media UE. Por otro lado la ausencia de una infraestructura de puntos de recarga suficiente, incluso de sistemas homogéneos y baratos de pago por uso, aconsejan esperar a muchos consumidores potenciales.

Además existen situaciones de conflicto por la resistencia en algunas regiones al desarrollo de una minería como la del níquel que es altamente contaminante del medio ambiente. Un buen ejemplo es la movilización social y la inestabilidad política que estalló en Nueva Caledonia, el último gran territorio francés del Pacífico, al anunciarse la venta de una de las minas locales. Las protestas en Nueva Caledonia no son un hecho aislado. En diciembre pasado Estados Unidos, todavía bajo el gobierno de Donald Trump, negó el permiso al proyecto de minería del cobre en Alaska denominado Pebble Mine por consideraciones ambientales. Esto ha excluido una nueva fuente de suministro a escala global.

Por otro lado, la acaparación y control chino de tierras raras y otros minerales estratégicos, ha generado nuevos incentivos a la exploración. El reciente descubrimiento en Noruega de un yacimiento gigantesco de fosfatos, vanadio y titanio, saludado por la UE como una ganancia de soberanía frente a China, es el producto directo de la angustia europea producida por la dependencia de Pekín en este sector.

Pero Noruega es una excepción. Prácticamente todos nuevos dominios mineros cuya riqueza pueden atraer inversiones están en territorios políticamente inestables o sus condiciones encarecen sobremanera la explotación. Los técnicos advierten también que en ellos el grado de concentración de mineral de los metales críticos está cayendo y no hay nuevas minas con alto tenor de concentración disponibles. E incluso en el caso de descubrimientos provechosos, el desarrollo de una minería eficiente de estos metales y tierras requiere tiempo. Los expertos estiman que el ciclo requerido para el desarrollo de una nueva mina es de entre siete y diez años.

Para rematar un panorama ya sombrío, los avances tecnológicos han sido escasos. Se han limitado a aumentar la capacidad de mover más tierras en menos tiempo, por ejemplo con el aumento de las dimensiones de los camiones y las excavadoras.

Un horizonte crecientemente conflictivo y alcista a medio plazo

Conforme se desarrolle el Pacto Verde, el desarrollo de la electrificación de procesos industriales y la extensión de la economía del hidrógeno, va a exigir más metales y tierras raras. Si a eso sumamos el aumento previsible de las compras de vehículos eléctricos, el efecto acumulado puede producir alzas sostenidas y acumuladas de los precios.