Perpetuum mobile

Para el sector eléctrico la relación con el poder es un flujo sin solución de continuidad desde Alfonso XIII hasta Felipe VI. Y los memoriosos tienen el registro de que en más de una oportunidad en el pulso registrado bajo ese perpetuum mobile las eléctricas están demasiado acostumbradas a ganar.

El 26 de enero de 1978 en una comparecencia en el Congreso el entonces ministro de Economía Enrique Fuentes Quintana señalaba ante una interpelación: «Sobre el retraso del Plan Energético Nacional acuso el golpe, porque he sido uno de los causantes de este retraso. Hemos pretendido presentar un programa energético que fuese lo más perfecto posible…»

Pamplinas. Fuentes Quintana había señalado con claridad al sector eléctrico que el límite a su explotación económica era el Estado y había sugerido la nacionalización de la red eléctrica de alta tensión. El ministro de Industria Alberto Oliart se oponía de forma pertinaz a las tendencias estatizantes de Fuentes Quintana y defendía el interés de as eléctricas. El pulso acabó en la dimisión de ambos el 24 de febrero de 1978, y en una crisis de gobierno en la cual el presidente Adolfo Suárez terció derechizando el curso del gobierno y dejando la cuestión del Plan Energético Nacional en manos de un nuevo Ministro de Industria, su hombre de confianza Agustín Rodríguez Sahagún.

El 28 de octubre de 1978 en un pleno del Congreso en el que se debatía el tan postergado Plan Energético Nacional un diputado del grupo mixto afirmaba: «De hecho, en la elaboración de este Plan se producen tensiones entre sectores del Gobierno. Existe la tendencia Oliart, partidaria de un liberalismo a ultranza, partidaria de la defensa estricta de los intereses de la oligarquía eléctrica, y la tendencia más estatalizadora de Fuentes Quintana. Y en estas tensiones se genera una crisis que produce la dimisión de Fuentes Quintana y de Oliart, porque ésta es la razón real de la dimisión de Fuentes Quintana y no las músicas celestiales que tuvimos ocasión de oír»… Fuentes Quintana era el vicepresidente segundo del Gobierno en 1978.

No es razonable pensar que el sector eléctrico vaya a ceder en su impulso a reeditar victorias pasadas. Sobre todo si se tiene en cuenta que el sistema absurdo de la subasta eléctrica, que tiene tan poco que ver con la libertad de mercado como la relación entre un huevo y un farol, es un mecanismo de expoliación del consumidor para mayor beneficio de las compañías eléctricas.

Por añadidura es un sistema que viene impuesto por el ordenamiento legal europeo. Pero el sector quizá debería tener en cuenta que, dicho esto, hay margen para rectificar muchas aristas adversas del sistema dentro de la legalidad europea. Incluidos los contratos bilaterales, la oferta de electricidad por un parque generador del estado, y la posibilidad de que haya un vuelco político en la UE que favorezca otros abordajes a la cuestión. Algo que a la vista de las elecciones en Alemania y el sesgo político en los países nórdicos no se puede descartar de plano.