¿Quién quiere gas natural?

El gas será considerado energía de transición en la taxonomía de las inversiones sostenibles El gas será considerado energía de transición en la taxonomía de las inversiones sostenibles

La ONG Ecologistas en Acción lanzó ayer la campaña La verdad del gas. Con ella quiere presionar para que las inversiones en gas natural no se beneficien de los fondos destinados a la descarbonización. Los ecologistas denuncian también que los efectos de las fugas de metano pueden dar al traste con las pretendidas ventajas climáticas del combustible «de transición»…

Vídeo de la campaña «La verdad del gas»

Coincidiendo con la celebración de la Semana Europea contra la Pobreza Energética, la organización ecologista ha iniciado una contundente campaña en redes sociales con los hashtags #LaVerdadDelGas y #GasNoEsSolución, en la que exige al gobierno que los Fondos de Recuperación no se apliquen, sin excepción alguna, a proyectos relacionados con el gas, que se inviertan en energías 100 % renovables y que vayan también a paliar la situación de vulnerabilidad y crisis social en la que se encuentra la ciudadanía europea.

Como medida concreta, exigen además que se prorrogue indefinidamente la prohibición de cortes de suministro en el ámbito doméstico y se establezca de manera efectiva el principio de precaución en la legislación española en materia de pobreza energética.

La organización admite que durante su combustión, el gas natural provoca unas emisiones de CO2 mucho más bajas que el carbón. Sin embargo, afirman las fugas de metano que se producen durante todo el proceso desde su extracción pueden dar al traste con sus pretendidas ventajas climáticas, ya que el metano tiene un potencial de calentamiento 86 veces mayor al del CO2 en un horizonte de 20 años.

De hecho, aunque la campaña no lo menciona, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) pidió la semana pasada al sector del petróleo y el gas que intensificara sus esfuerzos para evitar emisiones de metano. La AIE estima que el sector del petróleo y el gas emitió alrededor de 70 Mt de metano, equivalente a 2,1 Gt CO2, aproximadamente, durante 2020. Según la agencia, la reducción de las emisiones de metano de las operaciones de petróleo y gas es una de las acciones más rentables y con más impacto que los gobiernos pueden tomar para lograr los objetivos climáticos globales.

Los ecologistas acusan a las empresas energéticas de velar los costes medioambientales de este combustible para beneficiarse de los fondos públicos dirigidos a la descarbonización de la economía. Además, inciden especialmente en que la sobredimensión y la infrautilización de las infraestructuras gasistas en España repercuten en la factura doméstica:

Durante los primeros años de la década de los 2000, se produjo en España un boom de la infraestructura gasística que pretendía dar respuesta a un aumento de la demanda doméstica, que nunca se produjo, y un deseo de convertir España en un hub de gas natural para toda la Unión Europea. La geoestrategia vinculada a la dependencia del gas ruso contribuyó a alimentar esta expectativa. Tenemos el 42% de la capacidad de almacenamiento de gas de toda la Unión Europea, 88.000 kilómetros de tuberías y somos medalla de bronce en número de centrales de ciclo combinado (aquellas que utilizan gas natural para producir electricidad). Una infraestructura gasística totalmente sobredimensionada a la que nunca se le dio tanto uso como estaba planeado. Esta infrautilización podría considerarse como algo positivo y señal de un menor consumo de gas si no fuese porque todo este sistema de lujo tiene un reflejo en lo que los hogares pagan en la factura. Durante 2021, por ejemplo, vamos a pagar a través de nuestra factura dos conceptos: por un lado, 24 millones de euros por el mantenimiento de la regasificadora de El Musel, en Asturias, que no ha llegado ni siquiera a ponerse en marcha; por otro lado, 38 millones en concepto de déficit acumulado del sistema que no es otra cosa que un pago debido a la sobrecapacidad de las infraestructuras.

Sagrario Monedero – Ecologistas en Acción

A esto hay que añadir, según la nota de prensa de la organización, que España es el primer país de Europa en número de plantas regasificadoras y que la infraestructura y los costes del sistema suponen más del 40 % de la factura del gas de hogares y pequeños consumidores, poniendo a España en los primeros puestos del continente en cuanto al precio doméstico del gas.

La respuesta de las empresas gasistas

Sin citar a Ecologistas en Acción, la Asociación para un Gas Industrial Competitivo ha elegido el día de hoy para twitear un artículo firmado por su presidenta a finales del año pasado y titulado La competitividad del gas, clave para la reactivación industrial de España, en el que se congratula de la bajada de los peajes del gas entre un 2 y un 15 %, para el consumidor industrial, clave para la recuperación de la competitividad. Recuerda que España continúa teniendo un diferencial considerable respecto a los hubs europeos y pide maximizar el uso de las redes para que los peajes sigan bajando y así aprovechar la enorme ventaja competitiva española. En España, el uso industrial supone el 62 % del consumo total de gas nacional.

Por ahora ha sido lo único parecido a una respuesta que ha habido desde la industria a la campaña contra el gas natural.

El hidrógeno y la apuesta por acelerar la transición

Aunque desde el lanzamiento del Pacto Verde se anuncian constantemente inversiones millonarias en energías renovables por parte de las empresas energéticas, también es cierto que el compromiso de reducción de emisiones de la Unión Europea es tan ambicioso que desde el principio se dio por supuesto que se contaría con el gas natural como energía de transición. El hidrógeno gris y el amoniaco azul, obtenidos a partir de gas natural se consideraban fundamentales para transformar el sistema energético industrial. Todavía el pasado miércoles el gobierno de la canciller Merkel aprobó un plan de ayudas para adaptar ductos de hidrógeno gris y construir nuevas canalizaciones para hidrógeno verde para alimentar a los sectores industriales con más dificultades para electrificarse.

Pero ahora, la velocidad a la que está desarrollándose la transición energética y la subida del objetivo europeo de reducción de emisiones están empujando hacia un replanteamiento. Y la propia industria, cree que los planes gubernamentales son poco ambiciosos, y apuesta por una fusión temprana de los sistemas de transporte de gas. Así que la semana pasada la patronal del transporte y distribución de gas alemana acusó al gobierno de obstaculizar una transición rápida al uso de hidrógeno verde al proponer un enfoque gradual para transportar el combustible a los consumidores.

La industria gasista alemana no es la única en apostar por acelerar la transición del gas natural hacia el hidrógeno verde. El programa Hy4Heat del gobierno británico informaba la víspera sobre sus primeras instalaciones domésticas para calefacción. La expectativa suscitada fue tal que la noticia saltó inmediatamente a todos los noticieros británicos.

La rápida reacción mediática llama la atención cuando la Iniciativa para la Transformación Energética de Londres (LETI), una organización de técnicos medioambientales, había publicado hacía menos de una semana un informe demoledor sobre el posible uso de hidrógeno como alternativa sostenible a las calderas de gas residenciales. La ONG señalaba las dificultades ligadas a su distribución en la red de tuberías existente lo convertían en una alternativa demasiado costosa para la escala de una ciudad como Londres.

En cualquier caso, algo queda claro: hay un deseo social creciente por dejar atrás el gas natural, las empresas de transporte de gas ven en el hidrógeno el futuro… y los gobiernos aun están en el momento anterior. Y una duda: ¿es el hidrógeno una alternativa madura para sustituir el gas en los hogares?