Riesgo climático: Los reguladores ensayan un acuerdo global

Riesgo climático, el centro de la conferencia Green Swan Riesgo climático, el centro de la conferencia Green Swan

Pruebas de estrés, protocolos de comunicación sobre los riesgos climatológicos e introducir objetivos sostenibles en las políticas monetarias son algunos de los acuerdos sobre riesgo climático esbozados por los reguladores durante la conferencia Green Swan.

El riesgo climático fue el protagonista indiscutible en la jornada de apertura de Green Swan. La conferencia, convocada por el Banco de Pagos Internacionales (BPI), el Banco de Francia, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la red para Reverdecer el Sistema Financiero nos dejó como una primera lectura algo que va más allá de lo que los ponentes dijeron.

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El riesgo climático, protagonista indiscutible del «Green Swan»

La primera sesión fue la expresión dinámica de un ensayo general para un acuerdo global sobre riesgo climático entre reguladores, con la presencia de catedráticos, expertos y líderes, entre ellos algunos de perfil público muy relevante como los casos de Joseph Stiglitz o Al Gore.

El acuerdo que se persigue tiene varias facetas. Una es sobre los estándares que se deben aplicar de forma coordinada en las pruebas de estrés sobre los riesgos que implica el clima para el sistema financiero: bancos y compañías de seguros.

Otro, el hacer obligatoria la comunicación sobre los riesgos climáticos de las empresas en sus balances mediante estándares comunes. Y una tercera avanzar sobre la posibilidad de que las políticas monetarias reflejen objetivos sostenibles.

Es necesario detener el calentamiento global y reconstruir la economía internacional sobre ese eje

La conferencia global que fue bautizada como Green Swan (Cisne Verde) fue introducida por Luiz Pereira da Silva, sub director general del BPI quien señaló que, a su modo de ver, el papel del sistema financiero en el siglo XXI es el mismo que jugó la banca y las finanzas durante la revolución industrial en el siglo XVIII y XIX.

Una aseveración sumamente audaz si se la ve en perspectiva histórica, en la medida que no estamos en un periodo de ascenso del capitalismo.

Sin embargo, da una idea de la apuesta que las fuerzas económicas han hecho en torno al desarrollo de una economía verde como salida a la profunda crisis económica y como mecanismo para evitar las consecuencias irreversibles del cambio climático.

La conferencia en sí misma es testimonio de que las fuerzas convocadas, que incluyen a los reguladores más relevantes del mundo, consideran que es necesario detener el calentamiento global y reconstruir la economía internacional sobre ese eje.

2021, un año clave para el clima

La moderadora de la conferencia, Minouche Shafik, consejera de la Escuela de Economía de Londres y ex funcionaria del Banco Mundial (BM) y del FMI ratificó la preocupación central de los convocantes de la conferencia señalando la necesidad de progresar sobre los ejes de un acuerdo para la acción de los reguladores.

«El clima ha sido históricamente un factor de riesgo para el sistema financiero»

Kristalina Georgieva, directora ejecutiva del FMI

Señaló que en este sentido el encuentro que se desarrollará los días 2, 3 y 4 de junio supone un progreso importante. Afirmó que una determinación como la manifestada por las entidades presentes en la convocatoria no era imaginable hace cinco años.

Los introductores de la conferencia resaltaron que 2021 es un año clave en este sentido por el alineamiento de eventos, desde la conferencia Cop 26 sobre el clima en Glasgow, la Cop 15 dedicada a la defensa de la biodiversidad, y al hecho que la renovación en las presidencias del G7 y del G20 han coincidido con personalidades que tienen una actitud decidida en favor de frenar el calentamiento global.

Shafik dio la palabra a la directora ejecutiva del FMI, Kristalina Georgieva quien señaló que el clima ha sido históricamente un factor de riesgo para el sistema financiero.

El FMI aboga por incluir el riesgo climático como factor de desempeño económico de cada país

Sin entrar en detalles apuntó al pasar que en 1857 el hundimiento de un barco cargado de oro a causa de un ciclón provocó una crisis financiera internacional. Una observación un tanto imprecisa y poco profunda de la crisis financiera internacional de ese año detonada por la expansión internacional del crédito mercantil.

Pero introdujo mientras tanto una noticia. El FMI ha llegado a un acuerdo con los socios, es decir los países miembros, para que en la revisión anual de la economía de los países hecha por las misiones del organismo multilateral se incluya en la evaluación del desempeño económico el factor del medio ambiente y el riesgo climático sobre el sistema financiero de cada país.

El FMI alerta: Los riesgos de transición pueden conducir a la descapitalización de las empresas por el abandono de tecnologías sucias.

Georgieva resaltó el hecho de que existió un acuerdo generalizado por parte de los países para incorporar estos criterios, y señaló que este año se ha comenzado a introducir este criterio.

La directora ejecutiva del FMI señaló que el riesgo climático afecta a dos órdenes. Físicos, como el daño ocasionado por los fenómenos climatológicos extremos que pueden ocasionar pérdidas en algunos casos muy severas. Y por otro lado los riesgos de transición.

Respecto de estos últimos señaló que eran los más complejos porque hacían al deterioro de los activos de las corporaciones en función del abandono de tecnologías sucias. Un proceso que desemboca en activos perdidos, cuya eliminación de los balances supone inevitablemente pérdidas. Descapitalización.

Un proceso de esta naturaleza no sólo afecta a las corporaciones que tienen que dar de baja de su balance esos activos perdidos sino que supone un riesgo para las entidades financieras con las que las corporaciones tienen contraídos créditos.

Al respecto señaló la dificultad para valorar esos riesgos de transición, y apuntó que para poder operar sobre estos es necesaria una transparencia por parte de las corporaciones que sólo puede ser resultado de una adaptación de las normas contables internacionales a esas necesidades.

En parte Georgieva coincidió con la observación de Shafik, respecto de que si no existen normas internacionales claras, incluso con el establecimiento de criterios como la taxonomía que ha emprendido la Unión Europea (UE) para una definición clara de qué es renovable, sostenible y verde, el green washing es inevitable.

Transparencia y taxonomía, la receta para mitigar el riesgo climático

La única forma de evitar que los compromisos de las corporaciones respecto del medio ambiente no sean irreales, y de corroborar que los instrumentos financieros que emiten para colocar entre los inversores como bonos verdes efectivamente lo sean, es un proceso de transparencia basado en una taxonomía aceptada internacionalmente y normas contables internacionales que reflejen la sostenibilidad, que den cuenta de ella en los balances de las empresas.

Pero la verdadera pieza de resistencia de la primera jornada fue la intervención del gobernador del Banco de Francia, François Villeroy de Galhau. Señaló que la extensión a escala internacional de un régimen de precios del carbono tenía que ser la espina dorsal de un sistema de contención de las tecnologías y combustibles contaminantes.

Las corporaciones que afirman que alcanzarán un nivel cero de emisiones en el 2050 «deben aportar datos transparentes sobre el camino que seguirán para ello si pretenden que sus compromisos sean creíbles»

François Villeroy de Galhau, Gobernador del Banco de Francia

Señaló que algunas voces críticas afirmaban que se pasó en poco tiempo de no prestar atención al calentamiento del clima a que demasiadas personas hagan muchas propuestas. Nunca serán demasiadas ni muchas, afirmó apuntando que cualquier esfuerzo era poco porque estábamos ante un proceso que avanza de forma inexorable hacia una catástrofe, un Cisne Verde, pero que era un proceso que se podía detener.

Es cierto que hemos cambiado, yo mismo he cambiado, pero hemos cambiado ante una evidencia que hace unos años no percibíamos como ahora, afirmó.

Para Villeroy las etapas son en primer lugar la transparencia, es decir la obligatoriedad para las corporaciones de incorporar a sus balances de forma creíble y clara su volumen de emisiones, sus objetivos de descarbonización y sus riesgos climáticos.

Una vez que esto se logre la segunda etapa es hacer en el sistema financiero las pruebas de esfuerzo, los test de estrés, que se deben basar en la transparencia de las empresas que son las deudoras del sistema bancario y los riesgos tomados por las aseguradoras. Señaló en este sentido que el Banco de Francia ha hecho este año una prueba de estrés piloto al sistema bancario y de seguros con una proyección de 30 años que es un rodaje en el camino de convertir esta práctica en un ejercicio regular.

Dijo en este sentido que el BCE tiene previsto hacer una prueba de estrés al sistema bancario de la zona del euro a partir de 2022. Pero subrayó la necesidad de que haya normas internacionales comunes que incorporen el riesgo climático de forma homogénea a escala internacional.

La senda del BCE en riesgo climático se condensa en tres pasos: Diseño de modelo, transparencia, e incorporar el riesgo climático en la adquisición de activos.

François Villeroy de Galhau

Puntualizó en este sentido que hacer esto no es sólo competencia de los organismos que diseñan los estándares como la «Fundación para las Normas Internacionales de Información Financiera» sino además de los reguladores y los gobiernos. Este es el primer escalón desde el que se debe subir a las pruebas de esfuerzo obligatorias.

De la experiencia francesa, Villeroy dijo que había que extraer dos lecciones, la primera que sí se puede, y la segunda es que este proceso se debe desarrollar a escala internacional de forma ordenada y rápida.

La obligatoriedad de la transparencia de los riesgos relacionados con el clima en la banca y las grandes corporaciones tiene por objetivo que la formación de los precios de los activos sea selectiva en función de esos riesgos, lo que determinará una elección por parte de los inversores que conducirá a la formación de precios que tengan en cuenta el riesgo climático.

La UE ha abierto el camino al decidir la obligatoriedad de esta información a partir de este año, añadió. Las coporaciones que afirman que alcanzarán un nivel cero de emisiones en el 2050 deben aportar datos transparentes sobre el camino que seguirán para ello si pretenden que sus compromisos sean creíbles, afirmó.

La política monetaria debe ser verde

El gobernador del Banco de Francia abordó también el problema de hacer verde la política monetaria, un tema que dijo es espinoso y sobre el cual ya se abrió un debate la semana pasada dentro de la Red para Reverdecer el Sistema Financiero.

Para fundamentar la importancia de que la política monetaria se haga verde, Villeroy apuntó que la crisis climática tiene como proyección futura la capacidad de producir estagflación porque de un lado los precios de la energía aumentarán mientras al mismo tiempo la actividad productiva tenderá a estancarse o disminuir.

Pero para dar una idea más concreta de este riesgo apuntó al incremento del índice de precios de la energía en la UE en los meses recientes y dijo que eran el resultado de la escalada del precio de la electricidad en España a partir del temporal Filomena por una combinación de factores, y a la subida del precio de los combustibles líquidos y el gas en Alemania por la introducción de una tasa directa de carbono al consumidor. Este es un ejemplo de como los precios suben sin que la actividad económica logre salir del estancamiento.

Frente a esto debemos decir con claridad que la integridad del balance del BCE está comprometida por el riesgo del calentamiento global del clima a través de los activos entregados en garantía por las corporaciones y los bancos para obtener liquidez del banco central.

Esta exposición es de un nivel que no se tiene en cuenta de forma suficiente, añadió.

El próximo otoño vamos a decidir junto con Christine Lagarde en el consejo de gobierno del BCE nuestra revisión estratégica. Para contribuir a este debate espero con firme convicción que el BCE sea el primer banco central que siga los siguientes tres pasos: primero pronóstico y por lo tanto modelo, y es una realidad que la importancia del estudio no está suficientemente valorada, segundo transparencia es decir presencia en la contabilidad de los riesgos, y en tercer lugar incorporar el riesgo climático en nuestras operaciones con las corporaciones incluyendo la adquisición de activos y el uso de los mismos como garantías.

Villeroy señaló el importante crecimiento de la Red para Reverdecer el Sistema Financiero desde las ocho instituciones iniciales a las cerca de 100 en la actualidad, pero que el reto es convertir el debate global en medidas efectivas en el menor tiempo posible.

El Gobernador del Banco de Francia no descartó que, en la medida que se desarrolle la transparencia y se cuente con información precisa, los requisitos de capital para el sistema financiero se incrementen en función del riesgo climático de las instituciones.