La pronunciada corrección de los mercados de valores a escala global el lunes fue atribuida por los analistas al fuerte crecimiento mundial de los casos de la denominada variante Delta de la Covid-19. Un incremento preocupante. De acuerdo con el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos aquella se convertirá en la dominante en ese país. Ni la alta tasa de vacunación, ni las vacunas en sí, parecen capaces de detener el efecto del contagio de esta variante aunque la mortalidad haya decrecido. En respeto a la razón medioambiental es forzoso admitir que el desarrollo de esta variante, aunque no mate, puede dar paso a mutaciones más agresivas contra las cuales las vacunas desarrolladas no muestren la eficacia esperada. Los inversores institucionales parecieron tener un rapto de conciencia de esta posibilidad y salieron de las acciones... pero por poco tiempo.

La subida en los mercados ayer fue interpretada como la evidencia de que no hay en qué invertir y que más vale regresar a la bolsa. Es difícil determinar si esta interpretación es un manto vergonzante echado sobre la política de los grandes especuladores o encierra una verdad. Lo que está claro es que un mercado que un día dice no y al siguiente dice sí prepara una corrección quizá catastrófica. Hay un dato a tener en cuenta, los precios futuros del crudo que cayeron el lunes y se recuperaron el martes, quedaron para los contratos del West Texas Intermediate un 10% por debajo de sus máximos recientes de 67,42 dólares por barril. Esto puede indicar que la especulación no se fía de la demanda creciente de crudo, y teme que el compromiso de bombear más de la OPEP+ tenga el efecto de deprimir los precios. La sombra de la pandemia sobrevuela esta opinión porque las nuevas variantes pueden obligar a la intermitencia en la producción de bienes y servicios.

Así las cosas el vínculo entre pandemia y medio ambiente se sostiene por sobre todas las cosas en la medida que la humanidad es un polo insoslayable de la propia naturaleza. La economía al final no es otra cosa que las leyes que determinan la asociación de la humanidad entre sí para producir. La existencia de epidemias zoonóticas como la Covid-19 o las que la precedieron, ya sea en Estados Unidos o México -gripe porcina-, en Vietnam -gripe aviar- o en China la que nos afecta ahora, está directamente relacionada con las condiciones de existencia en las proximidades de centros de producción de carnes y en el contacto entre especies de cría y fauna salvaje. Es decir la interacción entre hombre y medio ambiente. Pero si no hay producción hay colapso. Esto es lo que se olieron los inversores institucionales el día en que el primer ministro Boris Johnson dijo que mantener las restricciones era retrasar lo inevitable. Ça veut dire quoi?

La arquitectura bioclimática como especialidad es tan antigua como las ciudades romanas, aunque no tuviera ese rótulo. Pero entre la arquitectura y el mercado de la vivienda hay una mediación: la industria de la construcción, que se gobierna por el criterio de maximizar sus beneficios y jamás ha tenido en cuenta la eficiencia energética sino la repercusión del precio del suelo sobre el metro cuadrado de obra para determinar el precio final de la vivienda y su margen de beneficio. La preocupación bioclimática es minoritaria y en general desarrollada por los pequeños estudios de arquitectos que no están en la escala industrial de la construcción.

La experiencia de Vizzuality, la empresa que analizamos hoy, hace que la afirmación de que nadie es profeta en su tierra se quede corta. Quizá haya que mirar el entorno y entender que el desarrollo de organizaciones no gubernamentales dedicadas a la conservación de los ecosistemas en España es de pobre a mediocre. No será por falta de causas por las que batallar. Desastres como el motivado por la explotación irracional del Mar Menor o proyectos eternamente pendientes como la recuperación real de la bahía de Portman -una joya natural e histórica- pueden darnos una idea de cuánto hay por hacer. Dos claves: la mayor parte de las fundaciones en España nacen descapitalizadas y a nadie le parece un oxímoron; y el voluntariado de técnicos y especialistas se considera una actividad de tiempo libre sin repercusión en el mercado de trabajo.

Si hoy buscamos Greta Thunberg en Google, el buscador ya no nos sugerirá también buscar en su sección de noticias. La opción queda escondida en el menú desplegable. Greta Thumberg se convirtió en una figura mediática global a partir de 2018. Davos, la Comisión Europea, la ONU, Macron y Merkel, estuvieron entre los requerían sus admoniciones y organizaron actos para dar lustre a su presencia. Hoy, con la pandemia en el centro de las angustias mundiales, con el Pacto Verde europeo en marcha a pleno gas y con EEUU de nuevo en el Acuerdo de París, ninguno de sus otrora mentores quiere escuchar la letanía del no es suficiente. La quisieron como némesis de Trump. Ahora ya no es necesaria.