La arquitectura bioclimática como especialidad es tan antigua como las ciudades romanas, aunque no tuviera ese rótulo. Pero entre la arquitectura y el mercado de la vivienda hay una mediación: la industria de la construcción, que se gobierna por el criterio de maximizar sus beneficios y jamás ha tenido en cuenta la eficiencia energética sino la repercusión del precio del suelo sobre el metro cuadrado de obra para determinar el precio final de la vivienda y su margen de beneficio. La preocupación bioclimática es minoritaria y en general desarrollada por los pequeños estudios de arquitectos que no están en la escala industrial de la construcción.

La experiencia de Vizzuality, la empresa que analizamos hoy, hace que la afirmación de que nadie es profeta en su tierra se quede corta. Quizá haya que mirar el entorno y entender que el desarrollo de organizaciones no gubernamentales dedicadas a la conservación de los ecosistemas en España es de pobre a mediocre. No será por falta de causas por las que batallar. Desastres como el motivado por la explotación irracional del Mar Menor o proyectos eternamente pendientes como la recuperación real de la bahía de Portman -una joya natural e histórica- pueden darnos una idea de cuánto hay por hacer. Dos claves: la mayor parte de las fundaciones en España nacen descapitalizadas y a nadie le parece un oxímoron; y el voluntariado de técnicos y especialistas se considera una actividad de tiempo libre sin repercusión en el mercado de trabajo.

Si hoy buscamos Greta Thunberg en Google, el buscador ya no nos sugerirá también buscar en su sección de noticias. La opción queda escondida en el menú desplegable. Greta Thumberg se convirtió en una figura mediática global a partir de 2018. Davos, la Comisión Europea, la ONU, Macron y Merkel, estuvieron entre los requerían sus admoniciones y organizaron actos para dar lustre a su presencia. Hoy, con la pandemia en el centro de las angustias mundiales, con el Pacto Verde europeo en marcha a pleno gas y con EEUU de nuevo en el Acuerdo de París, ninguno de sus otrora mentores quiere escuchar la letanía del no es suficiente. La quisieron como némesis de Trump. Ahora ya no es necesaria.

Los fondos de inversión y los bancos se descubren verdes, y los reguladores comienzan a sugerir que pedirán informes sobre la naturaleza de las inversiones desde el punto de vista de medio ambiente, gobernanza y aspectos sociales (ESG, en su terminología sajona). Faltaba más. Será por eso que algunos grandes bancos españoles han decidido poner publicidad sobre estos aspectos en los medios generalistas y negársela a los especialistas, por aquello de que hay que convencer a cuánta más gente mejor para ponerse al frente de la fila de los bienhechores. Apoyar a los especialistas, en cambio, es asumir la responsabilidad de que miren los bolsillos a ver si llevas kriptonita de contrabando.