Si hoy buscamos Greta Thunberg en Google, el buscador ya no nos sugerirá también buscar en su sección de noticias. La opción queda escondida en el menú desplegable. Greta Thumberg se convirtió en una figura mediática global a partir de 2018. Davos, la Comisión Europea, la ONU, Macron y Merkel, estuvieron entre los requerían sus admoniciones y organizaron actos para dar lustre a su presencia. Hoy, con la pandemia en el centro de las angustias mundiales, con el Pacto Verde europeo en marcha a pleno gas y con EEUU de nuevo en el Acuerdo de París, ninguno de sus otrora mentores quiere escuchar la letanía del no es suficiente. La quisieron como némesis de Trump. Ahora ya no es necesaria.

Los fondos de inversión y los bancos se descubren verdes, y los reguladores comienzan a sugerir que pedirán informes sobre la naturaleza de las inversiones desde el punto de vista de medio ambiente, gobernanza y aspectos sociales (ESG, en su terminología sajona). Faltaba más. Será por eso que algunos grandes bancos españoles han decidido poner publicidad sobre estos aspectos en los medios generalistas y negársela a los especialistas, por aquello de que hay que convencer a cuánta más gente mejor para ponerse al frente de la fila de los bienhechores. Apoyar a los especialistas, en cambio, es asumir la responsabilidad de que miren los bolsillos a ver si llevas kriptonita de contrabando.

La deuda del sistema eléctrico en España alcanzó los 14.294 millones de euros en 2020, un 13,9% menos que en 2019. Sin embargo, a pesar del respiro que supone la sentencia de ayer del TJUE para la arquitectura de la tarifa eléctrica española, la double dip recession que preven todos los analistas amenaza con inutilizar FNSSE. En caso de una caída de demanda no podría rescatar a los consumidores ni a los presupuestos generales del estado.

Las siete energéticas del Ibex (Iberdrola, Endesa, Acciona…) dieron durante la semana pasada al bombo de sus resultados hasta romperlo. Lo que no contaron es que han reducido su plantilla total en un 1,2%, casi 7.500 trabajadores, a pesar de las promesas constantes de crear nuevos trabajos de calidad.

El transporte marítimo es una de las claves para alcanzar los objetivos de París. Sus emisiones globales equivalen a las de Italia, España y Francia juntas. La Comisión tiene claro que quiere ir mucho más rápido que la Organización Marítima Internacional, pero en este momento es una incógnita la tecnología que lo hará posible a costes que no reduzcan drásticamente el comercio o dañen sin remedio a las navieras europeas, y el debate sobre la fiscalidad de las emisiones en transporte solo empieza a abrirse. Pero algo está claro ya: el transporte mercante no volverá a ser lo que ha sido desde los 90. Muy probablemente se reducirán tonelajes, velocidades y es posible que, al menos en líneas inter-europeas, los buques de carga vuelvan a llevar pasaje.

Si las renovables y el Hidrógeno son tan bien acogidos es, al menos en parte, porque su despliegue promete reducir las tensiones bélicas. Millones de europeos meridionales asocian el fin de la geopolítica del petróleo a una reducción de las tensiones en el Mediterráneo Oriental, el Norte de África y Oriente Medio. En los países del Centro y el Este se aspira a una nueva relación energética con Rusia que pasaría de la dependencia al desarrollo industrial compartido. Pero la transición geopolítica apunta pronto que será más correosa que la energética. En el centro, de nuevo las relaciones ruso-alemanas, el Hidrógeno... y los plazos. La primera lección: cuánto más verde del Hidrógeno menos conflictos a la vista a largo. La segunda: cuanto más rápida la transición del Hidrógeno gris o azul al verde, menos opciones a corto para la estructura productiva de los vecinos de la UE y más tensiones en lo inmediato.