Los precios del suelo para la instalación de energía renovable no solo transforma suelo agrario en erial. Los altos precios del suelo marino, es decir de las licencias para generación eólica marina, tiene una fuerte incidencia sobre la capacidad de las empresas de generación para obtener beneficio. Los fabricantes de turbinas generadoras ven sus márgenes erosionados por la presión de los clientes.

En esta semana se realizó CERAweek una tradicional conferencia sobre la energía que se desarrolla anualmente en Texas, la ciudad petrolera por excelencia de Estados Unidos. La conferencia patrocinada desde 2003 por la consultora IHSMarkit -conocida por sus encuestas de demanda- este año ha dado un vuelco, hasta los ejecutivos de las petroleras dedicadas a extraer crudo y gas de las rocas de esquistos mediante técnicas tan contaminantes como la fractura hidráulica, se han hecho verdes de golpe. Por cierto esta vez ha sido un encuentro telemático.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) evita el hundimiento del sistema eléctrico español sin embargo el andamiaje jurídico que el gobierno construye para financiar el sistema eléctrico evitando una profundización del déficit de tarifa y que pasa en buena medida por el Fondo Nacional para la Sostenibilidad del Sistema Eléctrico, camina por el filo de un precipicio. Cuenta con un despegue económico, con fuertes ingresos por subasta de los derechos de emisión, con la continuidad de los gravámenes como el famoso 7% y la contribución de las eléctricas. Todo esto en el escenario de una recesión que se zambulle en su segunda sima.

La subasta de eólica off shore en Reino Unido para Inglaterra y País de Gales, que marcó precios sin precedentes en el sector de las renovables por el derecho a explotar el viento sobre el lecho marino hace una semana, sigue provocando reacciones. El presidente de la petrolera francesa Total, Patrick Pouyenné, afirmó que la existencia de estos precios indica la presencia de una burbuja en el sector de las renovables por la escasez de activos.

Fermi Energy, una start up con sede en Tallin, anunció esta semana sus planes para poner en marcha un Reactor Modular Pequeño (SMR por sus siglas en inglés) en 2035 como alternativa a la reducción de emisiones en el país. Un imprevisto cambio de Gobierno en Estonia en la segunda semana de enero había dejado en el aire el proyecto para reforzar el sistema eléctrico con estos equipos como parte del objetivo de una drástica reducción de emisiones en el país.