La ONG Ecologistas en Acción lanzó ayer la campaña La verdad del gas. Con ella quiere presionar para que las inversiones en gas natural no se beneficien de los fondos destinados a la descarbonización. Los ecologistas denuncian también que los altos precios aumentan la pobreza energética que sufre España en un momento de crisis generalizada. Pero no son los únicos en querer acelerar la transición. En la propia industria gasista y los gobiernos europeos hay cada vez más voces partidarias de pisar el acelerador y avanzar hacia el hidrógeno verde.

La subasta en Reino Unido para generación eólica en Inglaterra y País de Gales adjudicó esta semana proyectos por importe de 8.800 millones de libras pagaderos en 10 años. De este dinero un 25% corresponden a la Corona de Reino Unido (UK). Pero más allá del detalle de que la reina Isabel II sea la propietaria del lecho marino de las islas británicas e Irlanda del Norte, el precio para proyectos por un total de 8 Gigavatios de nueva potencia, capaces de dar electricidad a 7 millones de viviendas, ha dejado perplejo al sector. Otro dato relevante de la subasta ha sido la presencia de las petroleras, que han pagado una prima colosal por entrar en la primera subasta de generación eólica off-shore en un década en Gran Bretaña. Vestas, que es el principal fabricante de turbinas generadoras en tierra firme, ha aprovechado la coyuntura para anunciar la fabricación de la turbinaV-236 de 15 MW.

La refinería de Galp en Matosinhos (Oporto) tiene previsto el cese de actividad en los próximos meses. Una delegación de los sindicatos y representantes de Galp han explicado en sesión parlamentaria a los diputados portugueses las consecuencias del cese de actividad en esa unidad y presentado una alternativa verde que permitiría su continuidad.

Iberdrola, Caixabank, el BIS… todas las semanas se anuncian emisiones de «bonos verdes». Sin embargo, solo en Francia se han establecido parámetros sobre los que determinar qué es sostenible/renovable/verde sobre criterios objetivos compartidos de forma amplia. Nada impide a día de hoy que las adquisiciones potencien las emisiones. Una regulación contable que obligue a ser transparente en materia de emisiones y riesgos ambientales, tanto en la actividad directa de las corporaciones como en materia de inversiones de las empresas, bancos y fondos de inversión cotizados en bolsa, sería un instrumento útil para apalancar los objetivos de reducción de emisiones de gases de invernadero a la atmósfera. Pero para ello hay que avanzar en un marco regulador claro.

Pocas innovaciones producen tantas expectativas y esperanzas en el mundo energético e industrial como el hidrógeno. Sectores enteros, desde el aluminio al transporte, exploran e invierten en tecnologías ligadas a este gas en el que muchos han querido ver la base de una nueva economía descarbonizada. Y sin embargo no faltan problemas tecnológicos y sobre todo políticos, por resolver. Hoy resumimos los tres problemas más acuciantes que preocupan a los inversores verdes.