Iberdrola, Caixabank, el BIS… todas las semanas se anuncian emisiones de «bonos verdes». Sin embargo, solo en Francia se han establecido parámetros sobre los que determinar qué es sostenible/renovable/verde sobre criterios objetivos compartidos de forma amplia. Nada impide a día de hoy que las adquisiciones potencien las emisiones. Una regulación contable que obligue a ser transparente en materia de emisiones y riesgos ambientales, tanto en la actividad directa de las corporaciones como en materia de inversiones de las empresas, bancos y fondos de inversión cotizados en bolsa, sería un instrumento útil para apalancar los objetivos de reducción de emisiones de gases de invernadero a la atmósfera. Pero para ello hay que avanzar en un marco regulador claro.