Bajo la designación de Mecanismo de Ajuste en fronteras del Carbono (CBAM, por sus siglas en inglés) la UE introduce por primera vez en la historia del comercio internacional el criterio de la cuantía de emisiones incorporadas a determinados productos en su proceso de producción. Bruselas apuesta a un pacto transatlántico tácito con Washington.

Aumentar el objetivo de descarbonización al 55% para 2030 vuelve a fracturar Europa. El problema: quién paga los costes. Hungría, Polonia y los países mediterráneos, incluido España, pueden llevar la peor parte. Bruselas prepara mientras tanto incorporar a partir de julio el gasóleo para calefacción y los combustibles de automoción al mecanismo de negociación de derechos de emisión. El impacto sobre el consumidor puede ser significativo.