La filtración del contenido de la Normativa Complementaria Delegada (Complementary Delegated Act) «sobre ciertas actividades relacionadas con el gas y la energía nuclear» en la taxonomía de la Comisión Europea (CE) desató el tres de enero una revuelo en los medios de prensa y en ciertas esferas de mundo financiero, político y económico. Algunos de los «sorprendidos y disgustados» estaban desde luego al tanto de este contenido aunque callaron, hasta que se destapó de forma imprevista durante el periodo de consulta que debía concluir el 12 de enero. Entre estos falsos sorprendidos hay más de un gobierno.

El empresario Gerard Barron ha vuelto a las andadas y esta vez se ha ocupado de posicionar su empresa de minería en aguas profundas como un emprendimiento verde. Su argumentación es que el lecho marino a grandes profundidades será tratado con respeto extrayendo sólo una parte de los metales que se encuentran en forma de nódulos y sin dañar el ecosistema.

Los anuncios de las petroleras se han convertido en verdaderos shows virtuales de tecnologías renovables. El compromiso de cero emisiones netas en la extracción de hidrocarburos induce a pensar que el resultado de la labor de las compañías no produjera emisiones. Y sin embargo, hasta ahora han conseguido mantener un perfil bajo…y librarse de las denuncias de greenwashing. Pero las grandes ONGs internacionales comienzan a responder.