La industria del cemento es una de las que más CO2 emite a la atmósfera. Entre otras cosas porque es un material cuya abundancia sigue a la del agua, y es el material indispensable para la construcción. También consume agua en su fraguado a niveles descomunales. Los hornos que calcinan la piedra caliza y la arcilla para producir el clínker a 1400 grados de temperatura promedio emiten al año del orden de 2.600 millones de toneladas de CO2 en todo el mundo.

La compañía eléctrica, uno de los mayores generadores de energía renovable con 33.000 MW instalados a nivel mundial, ha hecho una apuesta de fondo por el hidrógeno verde. Sus primeros pasos evidencian ya las potencialidades para el desarrollo industrial que estas tecnologías ofrecen. Pero también la necesidad de una política coherente y a largo plazo que no deje pasar la oportunidad de los fondos europeos de recuperación.