El empresario Gerard Barron ha vuelto a las andadas y esta vez se ha ocupado de posicionar su empresa de minería en aguas profundas como un emprendimiento verde. Su argumentación es que el lecho marino a grandes profundidades será tratado con respeto extrayendo sólo una parte de los metales que se encuentran en forma de nódulos y sin dañar el ecosistema.

El consejero delegado de Glencore, Ivan Glasemberg, se ha unido a Elon Musk en el coro de augures del desabastecimiento de materias primas para la producción de baterías. Afirmó en la cumbre del futuro del automóvil convocada por el Financial Times esta semana que la industria automotriz vivía en la ingenuidad si pensaba que China sería el eterno suministrador de baterías para los vehículos eléctricos que se construyen en el mundo.

Tras el escándalo institucional causado por las cartas de presión remitidas al CSN por la minera Berkeley, Serena i Sender, Presidente del regulador nuclear ha comparecido en el Congreso ante la Comisión de Transición Ecológica. El proyecto de explotación de uranio, iniciado en 2016, se encuentra aún pendiente de autorización. PP y Vox han afeado la longitud de los plazos y el Presidente del CSN se ha amilanado, echando las responsabilidades sobre los hombros de unos técnicos «elegidos por el gobierno anterior».

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) denunció ante el Congreso y la Abogacía del Estado haber recibido presiones desde la minera Berkeley y el gobierno regional de Castilla y León para aprobar un proyecto de explotación a cielo abierto de uranio en el Retortillo, Salamanca. El proyecto incluye una planta de tratamiento del mineral y e instalaciones para el almacenamiento definitivo de los residuos radiactivos. Ha sido polémico desde un principio y encontrado una fuerte oposición que incluye desde los grupos ecologistas hasta el Parlamento portugués. Hoy su futuro está más en cuestión que nunca a solo un paso de ser finalmente archivados los procedimientos de autorización.

Los mercados de metales registraron en los últimos dos años una serie de alzas en lo que se califica como metales de transición: cobre, cobalto, cromo, litio, níquel o zinc. Es decir los metales implicados en la transición hacia formas sostenibles de generación de energía, movilidad y en general tecnologías vinculadas con la reducción de las emisiones de CO2 y otros gases causantes del efecto invernadero. Se da por sentado que el crecimiento de los precios está relacionado con un aumento de la demanda de este grupo de metales y las miradas se dirigen hacia la industria del automóvil en la medida que el crecimiento de las ventas de vehículos eléctricos acapara titulares.