Un festín especulativo impulsa el precio del CO2 en la UE

El mercado de los ETS parece estar en manos de los traders y los bancos de negocios. La escalada de los precios desatada a partir de una subasta en Polonia la semana pasada no está determinada por una demanda industrial. Como bien dan a entender las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) que establece una caída de la producción industrial en España del 9,4% en el 2020, corregida de estacionalidad, no hay base para una demanda fuerte de derechos en España ni en otros países en los que la crisis ha mordido al sector industrial y a otros grandes emisores de gases de invernadero.

Los derechos de emisión de CO2 en Europa (EUA) mantuvieron en la apertura de la semana su ritmo al alza marcando para los contratos a febrero 38,56 euros por tonelada de acuerdo con los datos de Intercontinental Exchange (ICE).

El precio de los derechos de emisión se disparó la semana pasada un 14% y un 60% desde noviembre

La semana pasada se cerró con 37,58 el pasado viernes. Llama la atención que los contratos a marzo, abril y junio no presentan modificación en el precio y el primer salto, mínimo por cierto, es en los contratos a septiembre. Otro contraste fuerte es el precio extremadamente bajo de los CER, los créditos por descarbonización centralizados por Naciones Unidas que también se negocian en los mercados de derechos de emisión. Siguen por debajo del euro, y esta semana abrieron cotizando a 0,40 céntimos.

En los hechos el precio de los derechos de emisión se disparó la semana pasada un 14% y un 60% desde noviembre. Habrá que considerar qué ocurre esta semana para verificar si se mantiene la tendencia. Un primer indicio es que los contratos de futuro no se han movido mucho. El juego en torno a los EUA es curioso porque un incremento en el precio de los derechos es una penalización para las industrias contaminantes. El sistema de adjudicación de derechos asigna a cada industria una cantidad de derechos, que la CE ha reducido para el denominado 4º periodo 2021-2030 en un 2,2% anual a partir de este año. Lo que equivale a una mayor estrechez para los sectores contaminantes, y un mayor coste, si no optan por reducir emisiones. En este sentido el incremento del precio de los EU ETS (como los designa la Comisión Europea por su nombre en inglés) juega en favor de la descarbonización de la atmósfera.

Sorprende el despegue de los derechos de emisión, porque debería ocurrir a partir del supuesto de que habrá una demanda creciente de los mismos. Por el contrario en el contexto en el cual se desarrolla la actividad industrial no se ve indicio alguno de recuperación económica sino más bien todo lo contrario

Sin embargo, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) difundió los datos de producción industrial con el resultado de una caída para 2020 del 9,4%, la segunda mayor desde la de 2009 cuando la retracción fue del 16,2% en plena crisis financiera. Los datos subrayan el fin de un ciclo de crecimiento, aunque la desaceleración en algunas ramas de la industria era ya visible en 2019. Por ejemplo en el sector del automóvil, aunque sin llegar a los niveles de catástrofe de 2020. Sin embargo lo que se esperaba que fuera un aterrizaje suave se convirtió en una crisis aguda al sumarse los efectos de la covid-19 con una crisis de capital ante la imposibilidad del desarrollo del trabajo productivo en términos de normalidad.

Precisamente por ello sorprende el despegue de los derechos de emisión, porque eso debería ocurrir a partir del supuesto de que habrá una demanda creciente de los mismos. Por el contrario en el contexto en el cual se desarrolla la actividad industrial no se ve indicio alguno de recuperación económica sino más bien todo lo contrario. Un dato significativo ha sido la fuerte retracción en la industria de los bienes de equipo durante el año pasado, porque está alumbrando la caída de la demanda internacional de los bienes de equipo españoles y de la propia industria española. Cabe preguntarse entonces qué ocurre en los mercados de derechos de emisión.

¿Qué ha pasado?

De acuerdo con los datos disponibles la marcha de los Hunos sobre el mercado de los EU ETS se desató a las 11.18 del 3 de febrero en Varsovia cuando en la subasta de derechos se pagó la tonelada a 38 euros. El volumen de las demandas fue por 4,9 millones mientras que del lado de la oferta había solo 2,57 millones. Le siguió una subasta en Alemania el 5 de febrero en la cual se demandaron 4,5 millones y se adjudicaron 2,65 millones a 37,61 euros la tonelada.

La peculiaridad de Polonia es la intensa generación eléctrica en centrales térmicas de carbón y el alto índice de contaminación de la industria del país. Por lo tanto que los derechos hayan salido al alza no es sorprendente. En Varsovia hubo sólo 5 adjudicatarios mientras que en Alemania se registraron 21.

Todo parece indicar que el mercado de derechos de emisión de CO2 se ha convertido en otra clase de activo para los inversores que nadan en una liquidez que no puede realizarse por falta de inversión rentable.

Pero en términos de mayor aproximación a los hechos y de acuerdo con fuentes del mercado la semana pasada los operadores que apostaban a una caída del precio de los derechos fueron pillados por las subasta de Polonia y Alemania en las cuales se pagó una prima sobre el precio de mercado. Esto los llevó a cambiar de opinión de forma precipitada para evitar pérdidas y vendieron sus posiciones cortas y tomaron posiciones largas. Esto fue aprovechado por los optimistas que empujan los contratos al alza y se lanzaron a comprar contratos de derechos en paquete de 1.000 toneladas cada uno y la combinación de estos elementos desató la carrera alcista.

La intervención de los traders y los bancos de negocios ha sometido el mercado a una corriente especulativa. Como en el caso de los contratos futuros del petróleo, la mayoría de los contratos de los EU ETS no son para el cliente final que debe compensar sus emisiones a la atmósfera de gases contaminantes en sus procesos industriales, sino que están en manos de especuladores que esperan venderlos en un mercado al alza para hacer una diferencia. En 2014 el Banco de Pagos Internacionales definió a los contratos de futuros en el mercado del petróleo como una clase de activo por su comportamiento. Todo parece indicar que el mercado de derechos de emisión de CO2 se ha convertido en otra clase de activo para los inversores que nadan en una liquidez que no puede realizarse por falta de inversión rentable.

El origen de todo esto

Vale la pena recordar que en 2013 el precio de los derechos de emisión de carbono en la UE era de 2,44 euros la tonelada. En 2015 la Comisión, el Parlamento y el Consejo Europeo llegaron a un acuerdo para crear una Reserva para la Estabilidad del Mercado y retirar los excedentes de derechos no utilizados por la crisis. El precio subió entonces hasta los 7 euros la tonelada.

Como toda operación que se hace sobre la base de excedentes de liquidez y crea precios artificiales, porque en el fondo la demanda es débil sino inexistente, queda sujeta a una corrección violenta

El pacto, al que se oponía Polonia junto con otros países del Este europeo, fue posible porque la República Checa rompió su acuerdo con Varsovia. El mecanismo creado para rescatar los derechos sustrajo del mercado 2.000 millones de toneladas de CO2 en derechos transferidos a la Reserva. El acuerdo se forjó en 2015 pero solo entró en funcionamiento en el 1 de enero de 2019 a pesar de la posición de Polonia que lo quería postergar hasta 2021.

El problema de los derechos es que, de acuerdo con los técnicos de la Comisión Europea, comienzan a ser eficaces a partir de un precio de 20 euros. Esto quiere decir que de momento el movimiento especulativo produce una penalización a la industria. Pero como toda operación que se hace sobre la base de excedentes de liquidez y crea precios artificiales, porque en el fondo la demanda es débil sino inexistente, queda sujeta a una corrección violenta. Lo mismo que la bolsa de valores. Atención a los acontecimientos futuros.